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(…)

Imagina que todos los días pasas por una librería y ves en el escaparate un libro curioso, que quizá el primer día ni siquiera llamó tu atención, pero que al fijarte cada día en él te gusta más y quieres que sea tuyo. Preguntas en la tienda y el librero te habla maravillas de él. Sabe que no puedes comprarlo aunque no lo entiende y trata de convencerte de que ese libro está hecho para ti. Cada día de camino a tu casa te repites que tiene que ser tuyo, tienes miedo de que venga otra persona y se lo lleve, pero ese riesgo lo asumes y confías en que no sea demasiado tarde. El problema es el precio, demasiado elevado. Por muchos esfuerzos que haces no eres capaz de reunir todo lo que necesitas. Un día que ya no podías más le dijiste al librero que te lo enseñara, lo tocas, lo hueles, ojeas en sus páginas, te gusta mucho. El librero accede a dejártelo ver siempre que quieras, pero no puedes tocarlo demasiado ya que se estropearía; mientras, sigue diciéndote que pierdes el tiempo, que busques lo que te hace falta y lo compres.

Imagina que un día te das cuenta de que si te llevas ese libro, será tuyo para siempre, no podrás despegarte de él y cuando leas el final ya nada será en tu vida lo mismo, porque al terminarlo sería como terminar con un trocito de ti. Te asustas, te entran miedos, dudas, no sabes que hacer, si fuera posible que el libro te hablara para saber qué es lo que quiere él… De repente le dices al librero que te lo has pensado mucho, que no puedes aceptarlo, no quieres llevártelo a casa, prefieres verlo en el escaparate de vez en cuando. El librero se enfada contigo, no entiende como después de tanto tiempo hayas  tomado esa decisión, piensa que eres tonta y que tarde o temprano te arrepentirás. En su defecto te llevas un libro de bolsillo, muy bonito, para suplirlo, pero no es suficiente y solo sirve para empeorar las cosas.

Un día al pasar por la librería descubres que el libro no está en el escaparate, lo buscas desesperada por todos los rincones pero no aparece y sientes un vacío en el estómago, jamás lo volverás a ver. No volverás a tocar sus suaves hojas, no volverás a oler su fragancia, no pasarás tardes observándolo…

Pasan lo años, tu decidiste no volver a pasar por aquélla calle, solo te atormentaban los recuerdos, además habías deducido que se lo llevó otra persona. Pero un día, vas de compras con unas amigas y acabas en esa calle. Entras en la librería y la melancolía te invade, el librero te dice que nunca lo vendió, lo guardó en una estantería dentro de la tienda, pero nadie lo ha adquirido. ‘Algunos lo ojearon, pero el precio hace que la gente no se decida’. Vuelven a ti extrañas sensaciones, sentimientos antiguos que habías guardado en lo profundo de tu ser; vuelves a no dormir pensando en ese libro, en las sensaciones tan hermosas que te hacía pasar, en lo buenos momentos, en las tardes enteras ojeándolo. Tu cerebro va rápido pero tu corazón más, no sabes que hacer, no sabes qué te pasa. Para colmo hacía tiempo habías adquirido un libro estupendo, a buen precio, sin demasiadas páginas, pero que te hacía feliz. ‘No se pueden tener dos libros hermosos a la vez, o te enganchas con uno o los lees a medias y mezclas sus historias, y eso acaba por volver loca a cualquiera’. ‘Actúa, rápido, antes de que alguien lo compre’. El librero te dice que lo va a poner de nuevo en el escaparate,  que tiene que deshacerse de él, no puede más, ya le da igual lo que haga yo con él o deje de hacer, si no lo compro yo lo comprará alguien y todo acabará. Vuelven los miedos pero no es como antes, ahora sabes que va a ser tuyo, pero de lo que tienes miedo es de que su historia te decepcione, sabes un poco de qué trata, pero nunca te atreviste a leerlo, te has montado una película en tu cabeza pero la realidad puede ser diferente. Después de reunir el dinero suficiente te acercas a la tienda y decides comprarlo. Te ha costado tiempo esa decisión pero cuando sales de la librería con él en las manos todo lo demás ya no importa. Te ves a ti con una sonrisa enorme, diciéndote ‘por fin, lo has conseguido’.

Al principio es emocionante, las primeras páginas consiguen engancharte como nunca ningún otro libro lo había hecho, pero a medida que sigues leyendo descubres que hay dolor, sufrimiento, sentimientos que jamás pensarías que te aportaría con su lectura. A veces lo dejas un tiempo en la mesilla porque te agota tanta emoción junta. Es entonces cuando te das cuenta de que o tenías una novela distinta en la cabeza, o alguien rescribió esas páginas que tanto te habían cautivado, es como si con el paso del tiempo hubiera envejecido y ya no fuera como antes. Quizá ya nada sea como antes.
(…)
C.P. 
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