los fáciles y los difíciles.

Ayer, hablando con una amiga sobre las relaciones personales, intenté definir a la humanidad en dos, cosa bastante simple lo reconozco, pero a ver si captáis la esencia.

Por un lado están los difíciles, y por otro los fáciles, ¡así de fácil! Y no hablo en términos sexuales, sino de la forma de ver, hacer, ser en la vida.

Los difíciles son personas quejicosas por naturaleza, complicadas en extremo, pero no intelectualmente, me refiero a que complican todo demasiado, por eso se llaman difíciles. Son personas para las que discutir es el pan de cada día, son gente que no sabe hablar sin llevar la contraria solo por meter baza. Los fáciles en cambio suelen huir de los enfrentamientos, son considerados más pasotas, son gente que suele llevar una sonrisa en la foto del DNI. Todo el mundo sabe a qué bando pertenece, y a qué bando pertenecen los demás, pero os ayudaré con los siguientes ejemplos.

Los difíciles hablan mucho, ponen el punto en cada ‘i’, exponen su pensamiento sin importar las maneras ni las formas, tienden a elevar el tono de voz cuando hablan, son gente que se expresa con aspavientos, nerviosos y muy comunicativos. Los difíciles sacan punta a todos los lapiceros de la sala, y siempre buscan el enfrentamiento aunque solo sea por pasar el rato. Son personas que gustan de llevar la contraria aunque solo sea por pasar el rato, a veces incluso por joder.

Los fáciles son más comedidos, suelen hablar poco, son menos exigentes, no imponen su razonamiento, suelen decir mucho la palabra ‘sí’, implicando asentimientos de cabeza como su gesto principal. Son personas más conformistas, más tranquilas y pachorronas. Suelen ver la vida de algún color alegre y el vaso medio lleno.

Cuando salen de fiesta, el difícil se pone metas, objetivos, critica todo lo que no le gusta y siempre busca un sitio mejor al que haber podido ir. Sin embargo, el fácil simplemente sale a divertirse, se dice a sí mismo que ese garito ‘no está mal’ y se la suda lo demás.

Los difíciles suelen querer imponer sus pensamientos, son personas que además de querer llevar la razón, se creen que la llevan. Tienen un vocabulario rico y cuantas más palabras usen mejor se sienten. Siempre tienen en la manga un buen argumento para rebatir tu idea y suelen acabar ellos la conversación. Los fáciles son más empáticos, (para los de la LOGSE, son más capaces de ponerse en el lugar de otros), son personas dicharacheras, son más asertivos (para los de antes, son capaces de mantener conversaciones maduras y equilibradas) y escuchan bastante mejor. Frente a una discusión que casi nunca empiezan les da igual no acabarla, no sienten la necesidad de decir  la última palabra o acabar por encima, como el aceite.

Si dos fáciles se juntan, seguramente tengan conversaciones interesantes o no, pero intentarán respetarse los turnos, casi siempre dirán lo que piensan sonriendo, y si no llegan a un acuerdo (cosa difícil) cada uno se irá a su casa pensando que ¡qué más da!

En cambio, si son dos difíciles los que quedan, cosa que pasará en pocas ocasiones, terminarán discutiendo, elevando la voz, llenando la escena de movimientos, incluso habrá contacto físico y haciendo que la conversación nunca llegue a un punto en común.

Cuando los que se juntan son un fácil y un difícil, el acuerdo siempre será posible si el fácil lo quiere, y deja que el otro lleve la voz. El que iniciará la discusión será el difícil, buscando cualquier excusa para echar en cara o para tener de qué hablar. El fácil asentirá a sus explicaciones y si no le pilla en mal momento lo dejará pasar, haciendo creer al difícil que lleva razón en todo momento aunque no piense eso para nada. Si al fácil se le ocurre expresar un poco más su opinión se verá con un difícil en su territorio, por lo que de antemano sabe que ya tiene las de perder, pero fáciles arriesgados también los hay. Normalmente el fácil con estas situaciones busca cabrear un poco al difícil, (cosa bastante fácil), pero cuando la discusión llega al punto de no retorno tendrá que tirar la toalla y admitir que el difícil llevaba razón, y si encima la lleva más todavía.

Para llegar a un acuerdo entre dos fáciles pueden pasar como mucho 10 minutos, quizá solo maticen algunos puntos pero es muy probable que alguno ceda o incluso los dos. Si los que tienen que llegar a un acuerdo son los difíciles entonces seremos testigos de un milagro, el único acuerdo al que pueden llegar es que cada uno tire por su lado. Y si hay uno y uno la mayor parte de las veces cederá el fácil, y las pocas veces que ceda el difícil es porque en su interior sabe que era una mejor opción pero dijo la otra simplemente por llevar la contraria un rato.

Podemos observar en la naturaleza grupos mixtos, que es lo que la mayoría de veces ocurre, donde los difíciles se expresan a cada momento, buscando la aprobación de los demás, y haciendo ver que en cada conflicto que haya saldrán ganando. Los fáciles se dejarán llevar y tampoco les importará demasiado, a veces así también se desentienden de ciertos aspectos y evitan equivocarse.

Hay grupos puros donde todos son fáciles*, existen pocos pero haberlos haylos. Ese grupo es como un banco de peces, todos se cubren, todos se respaldan, todos se apoyan, la sincronía es su forma de actuar y el acuerdo es necesario casi siempre. Son grupos que trasmiten buen rollo, grupos donde el desacuerdo (en caso de haberlo) es posible porque existe el respeto. Nadie intentará imponer su pensamiento a los demás y habrá múltiples formas de ver los problemas.

Pero amigos, todavía estoy por ver yo un grupo homogéneo de difíciles, eso es imposible. La forma de vida de un difícil es el cabreo, la ofuscación, la soberbia, el quedar por encima, discutir cada punto de la ‘i’. Imagínate un grupo donde todos discuten, donde nadie se entiende, donde todos quieren llevar la razón, donde se impone el pensamiento de forma exagerada, donde se argumenta cada mínimo detalle… ahora que caigo, existe un grupo así, está en el senado. Pero vamos, no es normal verlo por la calle, el difícil no es una especie que se apoye en los demás, aunque de quien sí gusta acompañarse es de los fáciles, porque no tienen la necesidad de demostrar a cada minuto cómo piensan.

Así que ya sabéis a estas alturas a qué grupo pertenecéis, está claro que hay matices, hay ciertos rasgos en cada individuo que lo hace distinto, pero al igual que la cabra tira al monte, el ser fácil o difícil es una cuestión de actitud, y la balanza siempre se inclina más por un lado que por otro.

 

Con mi exposición no estoy diciendo qué grupo es mejor o peor, no estoy diciendo cual mola más o es más entretenido, solo expongo rasgos en común de ambas especies. Y los unos sin los otros no serían tan unos ni tan otros. ¿Lo entendéis, u os parece difícil?

 

 

*Por ejemplo, mi grupo de clase.

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otra seta dijo...

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