la inyección

Cuando mira  el reloj abre sus ojos más de la cuenta y una de sus voces le dice: ‘no vayas que no llegas’.  Pero se da un último empujón y se llena de confianza. Se ve mona para el después pero no tiene tiempo de acicalarse más.

Ha llegado al autobús y espera impaciente a que venga. Tic tac, tic tac. Qué casualidad haber puesto eso en el mensaje y estar pensándolo ahora. Monta y de camino se hace uno para después, porque mientras llega es imposible fumárselo. A menos de un minuto abre la puerta y pregunta por Marta, pero sale la jefa, Ainoa, y con una sonrisa en la cara y un par de besos le dice que tienen que cerrar. Ella mira a Marta con esa pequeña porción de confianza y diciéndose que no se tarda tanto en poner una inyección. Pero la jefa no se deja convencer y sintiéndolo mucho niega con la cabeza sin atreverse a mirarla a los ojos. Ella es consciente  de que sus ojos se están tornando vidriosos y prefiere cambiar de tema, preguntarle por los últimos retoques de su trabajo y poco más. Marta vuelve a mirar el reloj y dice un ‘si hubieras llegado 10 min antes…’, y ella sonriendo no sin mucho esfuerzo les dice que no pasa nada, que no se preocupen, que ya buscará mañana a la enfermera. Se despiden amistosamente pero lo único en que piensa es en salir de allí, no sabe cuánto tiempo más aguantará el dique y prefiere no quedar en evidencia.

Al doblar la esquina no ha podido evitar que dos perlas saladas salieran disparadas de sus ojos, lo que le ha enfurecido y se ha sumado a su impotencia por no haber hecho un último intento. Camina sin rumbo, esquivando a las personas que pasan por su lado, se mete por calles que no conoce en busca de un poyete donde sentarse y respirar.

¿Por qué llora? Sabe que es una tontería, que eso no es lo peor que le pasa a nadie, pero no puede contenerse, se siente estúpida, por haber perdido la tarde, por haberse hecho la remolona, por no haber avisado. Pero hay algo más, no sabe muy bien el qué, pero no puede saltar así sin más, tiene que haber algo debajo, algo en lo que ni siquiera haya pensado, ni se haya planteado. No se siente sola, eso es una tontería, es solo que le gustaría no sentirse una idiota. Cree que no ha sido justo, que ella hace favores a la gente, y que eso no es recíproco, al fin y al cabo la implicada era Marta no Ainoa, no le hubiera costado nada dejarlas 5 minutos más.

 

Ya no quiere ver a nadie, por suerte no la van a llamar, pero aún así no le apetece estar con gente que no conoce, ni hablar con conocidos. Sigue en el portal, algunos vecinos la miran pero ella no quiere encontrar esas miradas, no le gusta que la vean así. Según va pasando el rato se va encontrando mejor, se maquilla el ojo para disimular y se propone buscar un banco, beberse una cerveza y fumarse el porro que tenía hecho para el después. No imaginó que ese después sería así, pero le da igual.

Camina con un rumbo establecido, sabe dónde acabará la noche, pero antes necesita una tienda. Mientras la busca llama a una amiga suya que no vive muy lejos de allí. Quizá si ella no está liada pueda verla un rato, pero mañana tiene examen y no quiere molestarla. Charlan un rato y su ánimo se va recuperando, a veces una persona está haciéndole un bien a otra sin que se dé cuenta, ella es la que lo sabe y la que lo valora, y su amiga inconsciente del bien seguirá sumergida en sus apuntes al terminar la llamada.

 

Después de hacer un par de fotos al monumento típico del parque, que le encanta y más por la noche, se sienta en su banco preferido, dispuesta a beber ese zumo amargo y a fumar ese cigarro especiado. Prefiere no pensar mucho, está mirando a un lado y a otro porque ‘no sé que me da más miedo, si un loco o un poli’.  Mira al cielo y ve la boca del gato Risón sonriente y enorme, ‘hasta la luna se ríe de mi’. Ya le da igual, está lo suficientemente intoxicada como para no pensar en cosas tristes. Sabe que mañana el sol volverá a salir por el mismo sitio y que el bajón repentino e incoherente se debe a la llegada del buen tiempo, que la astenia está cerca y eso dispara sus pensamientos.

Lo bueno es que también se acercan los chorros de creatividad e inspiración, y eso le reconforta más.

Y es que aunque siempre tiende a la negatividad se ha convertido en una experta en buscar siempre un lado bueno a los acontecimientos.

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otra seta dijo...

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