lo bueno si breve… es una mierda

Cuando te acostumbras a lo bueno volver a la rutina es difícil. Es verdad que no

 ha sido un verano especialmente caluroso, pero a mi eso me importa bastante poco, porque en verano las tardes son eternas, la gente está mas contenta, es tiempo de hacer otras cosas, de viajar, de darse chapuzones, de salir por las noches.

Si además le añades un pueblo cercano y unos padres a los que les encanta su lugar de nacimiento, te deja como resultado casi dos meses de libertad hogareña, donde no das cuentas a nadie, donde entras y sales cuando quieres, donde te visita la gente de tu alrededor y si tienes pareja pues conviertes tu estado de “Rodríguez” en un nidito de amor.

Y la convivencia es dura, es complicada y a veces resulta un poco jodida, pero en general te acostumbras a compartir los alimentos, el sofá, el baño, y por supuesto, la cama. Y puede que haya otros pelos que no sean los tuyos, que el olor de la habitación no sea al que acostumbras, e incluso es posible que tu forma de cocinar se modifique, pero cuando tienes a alguien que viene a darte un abrazo antes de dormir, o que te acompaña en las siestas aunque él no se duerma, que te sorprende con un plato nuevo una noche de verano, o que te anima en tu día a día laboral, el verano se convierte en tu estación preferida y deseas que no se acabe nunca.

Que no se acabe por todo eso, y por el miedo que tienes al otoño, tiempo de decadencia, de bajones y de pérdida masiva del cabello.

Resulta extraño que mientras dura no te des cuenta, y cuando acaba lo echas de menos como aire a los pulmones. Tienes esa sensación de que volverá el frío, la oscuridad, la rutina, y ya no habrá nadie que te arrope al acostarte. Y la solución es obvia, pero para eso, como para casi todo, hace falta un dinero que ninguno tiene, y que parece que se resiste más de lo normal.

Después de tantos años de huidas a otras ciudades, hoteles, apartamentos, fugas al pueblo, o fines de semana esperando quedarte sola y rezar para que no haya nada que joda esos planes, ya es hora de emprender otro camino, más juntitos, de la mano, porque de todo te cansas, y resulta agobiante querer compartir tiempo y espacio con alguien a quien quieres y que por circunstancias ajenas no se pueda.

Ahora entiendo por qué nuestros padres y abuelos corrían a casarse cuando apenas llevaban meses de noviazgo, sobre todo aquellos que cumplían con el mandato eclesiástico de no tocarse antes del matrimonio.
Dicen que lo bueno si breve es dos veces bueno, pero yo pienso que lo bueno si es breve es una mierda porque cuando más estás disfrutando de lo que tienes, van y te lo quitan.
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otra seta dijo...

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