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Me caigo de sueño. Son las 11 y 52 y no aguanto. El otoño va a llegar oficialmente el viernes por la tarde, pero en mi casa ya lleva instalado varias semanas. Mi pelo se cae por manojos de kilo, las hojas de mi barrio cubren el suelo, no duran mucho tiempo porque Móstoles es muy limpio y pasan profesionales a quitarlas. El fresco mañanero llevo notándolo hace tiempo y mi gato tiene calvas por todo el cuerpo.

La relación entre el otoño y el sueño, es que cuando llega esta estación me da por padecer insomnio. El año pasado ya me compré cápsulas de valeriana para tratarlo un poco, por cierto que huelen a vómito y me dan arcadas al tragarlas. Pero este año no me están haciendo mucho efecto, de hecho es nulo. Así que me paso las mañanas dormitando entre llamada y llamada, mi vuelta a casa en la Renfe es un panorama de leer 15 veces la misma página del libro porque mis ojos se van cerrando y al final acabo recostada hasta mi parada. Pero lo más curioso no queda aquí. Lo mejor es que cuando puedo dormir, (siestas, noche) me desvelo y no me dan ganas. Sé que me he acostumbrado a las vibraciones del tren, sé que me cuesta dormir desde hace un año sin ese movimiento continuo, pero lo de tener horas libres para echar una cabezada y no poder parece una broma de mal gusto. 

Así que este es mi panorama, cuando puedo no duermo, y cuando no debo me voy quedando sopa por los rincones. Y lo peor de todo es cuando llegan las 22.00 o así, me da el sueño otra vez, pero tengo que cenar y veo un rato la tele o me voy al ordenador, y entonces se me pasan las ganas y me da la 1 de la madrugada con los ojos más abiertos que un búho. Y me acuesto pero doy mil vueltas, y cuando suena el despertador a las 7.30 me quiero morir porque es entonces cuando más a gusto estoy y no quiero moverme de la cama.

Eso sí, tengo un remedio infalible, estar cerca de mi pareja, porque debe ser que suelta unas sustancias soporíferas que me relajan tanto como quien llega al nirvana o al estado 3 de Reiki. Y ahí da igual que lleve 12 horas durmiendo, que si noto cerca su presencia me vuelvo a dormir cual gorrinillo en su charca.

Así que estoy pensando en patentar una fórmula con sus componentes químicos, mezclar unas gotas de sudor, con un chorrito de hormonas, una pizca de testosterona y serotonina, un poco de calor, agitarlo y expandirlo por el cuerpo, seguro que funciona mejor que una loción para bebes con lavanda que anuncian por la tele.

Y hablando de todo un poco, el otro día en una conversación con un amigo, que ha entrado de lleno en esto del mundo del amor y la pareja, me contaba lo ilusionado que estaba por un lado, las ganas de verla constantemente, la pasión de los encuentros, las miradas de complicidad, el gusanillo en el estómago, pero por otro lado la incertidumbre constante de no saber si al final ella le abandonará como a un perrillo en el mes de agosto, o si se cansará y decidirá cortar por lo sano. Al preguntarme por esa sensación inmediatamente le respondí:

– Yo llevo bastantes años con él y nunca dejas de pensar si al final pasará aquello que más temes. Puede que la incertidumbre sirva para afianzar más la relación, ya que está comprobado que cuánto más seguro crees estar de algo más te equivocas. Está demostrado que menos es más y quizá ese dudar continuo haga que el fuego no se apague en ningún momento. 

Él pareció estar de acuerdo pero no dejaba de decir que era una sensación horrible porque no se disfruta,  aunque si merece la pena uno puede aguantar ese dudar constante por unos momentos al mes. Y es que todo no se puede tener.

Y por último, una noticia que a priori a la gente le sorprende: llevo sin fumar porros desde hace casi un mes, alguna calada se ha escapado pero nada trascendente, algunas personas se han alegrado mucho, otros no se lo creen del todo, y hay gente que me ha dicho que no me durará demasiado, pero todos preguntan por qué. Y mi respuesta es sencilla, porque no me apetece. Se me han ido un poco las ganas, no tengo mono de fumar nada, no tengo apetencia de darle un tiro, lo huelo y me encanta pero es como si me hubiera saturado. No me ha dado dolor de cabeza desde entonces que es una de las cosas que tb quería comprobar. Los de mi alrededor fuman, o me ofrecen pero no quiero, no me estoy obligando, es sólo como si me hubiera cansado. A lo mejor dentro de un mes tengo un monazo increíble y vuelvo a fumar como una cosaca, pero mi forma de dejarlo en plan, cuando quiera puedo fumar, pues es un método efectivo. Es verdad que a mí las drogas no me afectan como a otras personas, puedo usarlas en lugar de abusar de ellas, y la dependencia que me crean es prácticamente nula, a veces simplemente lo he hecho por capricho, por darme una fiestecita, por pasar un buen rato de risas, pero nunca por ansia o por necesidad. Y eso es una suerte tal y como está el panorama.

Y no, el hecho de no dormir no tiene nada que ver con los petas, hasta hace 2 semanas o menos dormía perfectamente, es la llegada del otoño la que me altera, que por cierto, vendrán los bajones tontos tb, pero de momento me estoy librando. 

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otra seta dijo...

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