cómo hemos cambiado

¿Qué les pasa a los hombres? Quizá se han cansado de perpetuar ese estigma evolutivo de que deben ser los machos alfas, no mostrar sus sentimientos, no ser compasivos o mostrar misericordia ante otro ser. Puede que hayan decidido salir de esa cáscara dura y rancia, llena de odio, chulería, sarcasmo o indiferencia. Quizá han visto que sacar su parte femenina les ayuda a relacionarse, a acercarse más al sexo opuesto, a entendernos un poco más. O simplemente se han cansado de tener que mostrar siempre el lado oscuro, de tener que salvarnos el culo constantemente, de abrirnos la puerta del coche, de llevar el dinero a casa.

¿Qué nos pasa a las mujeres? Probablemente nos hemos cansado de ser las débiles y blandas, de ser las rescatadas y las sensibles. De llorar en público, de esperar sentadas a que nos saquen a bailar. Puede que nos hayamos cansado de ser las altruistas de la familia, de ser las cuidadoras, de estar en mil sitios a la vez, de esperar a que él llegue a casa con un plato caliente en la mesa. Quizá se nos hayan ido las ganas de callarnos las cosas por respeto, de fingir  o de aparentar. Puede que pensemos que sacando ese lado masculino nos acerquemos más al sexo opuesto.

Ahora observo con detenimiento que ellos pueden llorar sin que nadie lo vea mal o incómodo, que si no son los primeros en levantarse  a echar una mano en casa al menos lo hacen no con mala gana, que se sorprenden cuando una tía les dice al oído que les van a llevar al huerto esa misma noche.  Han decidido no ser los únicos en aportar a la economía familiar, les duele si se les alza la voz y les afectan las  cosas como a nosotras.  

Parece que ahora nosotras hemos tomado un poquito el mando, que nos tenemos que hacer las duras y evitar que nos vean llorar,  o que estamos mal. Somos las que tomamos la iniciativa, las que no mostramos que nos gusta demasiado ese chico al que no llamamos por temor a que piense que le agobiamos. Ahora nos metemos en peleas y le partimos la cara a la rubia de enfrente porque es una niñata.

Quizá estén cambiando los roles, quizá seamos capaces de ponernos en el lugar del otro, quizá nos hemos cansado de jugar a ser lo que debemos ser y preferimos ser lo que antes no debíamos. Puede que ellos hayan sacado ese lado femenino porque han visto que durante años se han portado en general como unos cafres, puede que nosotras reivindiquemos nuestro lado masculino porque estamos hartas de ser las ñoñas de la película. Pero todo tiene un ritmo, un ciclo, un equilibrio. Y ni ser más femenino o más masculina nos hará cambiar ciertos prejuicios instaurados en nuestra memoria histórica. Al menos necesitamos años de nueva evolución para aceptar esos cambios.  Lo que si puedo decir es que a veces me sorprende.

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otra seta dijo...

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