con mal sabor de boca

Como cada año por estas fechas, hago un resumen de lo que ha sido, o hago un proyecto de cómo será el siguiente. Hace tiempo que dejé de hacerme perspectivas futuras porque me di cuenta que pocas se cumplían.

Este año se resume básicamente en un año raro, raro a nivel personal, familiar y social. Además de que he cambiado. Siento que el espíritu del Dr. House me ha invadido, me siento el hombre gruñón que odiaba la navidad y venían los 3 fantasmas  a mostrarle su vida pasada, presente y futura. Soy familiar de Rafael Amargo. Soy una tableta de cacao 100%. Supongo que han influido una serie de catastróficas desdichas, bueno no sé si son desdichas pero sí acontecimientos. La situación familiar que llevamos cargando está haciendo mella en mis hombros, yo nací en el lugar de la hermana pequeña, y sin embargo a veces creo que mi rol se ha intercambiado y asumo papeles que no me tocan, y eso, como bien nos enseñó Paco Gómez, trastoca tu identidad.

En casa no hay otro tema de conversación que no sea él, todo gira en torno a él, si se le nombra mis padres hablan, atienden, escuchan. Pero si no hablas de eso, si hablas de que te han vuelto a llamar para dar clases, de que has sacado un 10 en no se qué asignatura, si comentas lo rico que estaba el filetón que probaste en aquella visita, siempre se repite la misma pauta, un silencio, una mirada perdida, un ligero asentimiento de cabeza, y a veces un pequeño comentario, pero solo en raras ocasiones. Y claro, toda la vida escuchando en casa que no cuentas nada, con este panorama la verdad que ganas no hay. Se ha convertido en el centro del universo, y hay tantas cosas importantes en los demás, pero eso no importa, que seamos otros 3 no tiene importancia, ahora es 1, y ya no hay tiempo ni cabeza para nadie más.

A nivel social tb ha sido un año raro. Estábamos como adormilados, como invadidos por un opio tranquilizador, sin apenas movernos. Pero no sé muy bien cómo fue el inicio, el caso es que las redes sociales empezaron a cuajar lo que más tarde se convirtió en el Movimiento 15M. Enterarme de la revolución islandesa, crear la página, sentirme un poco útil informando a los demás, ayudó a poderme ver dentro de esa ola. Una ola que recorrió Madriz, que se apalancó un tiempo, y que como todo en esta vida, pasó sin más. Es triste, pero es así. Fue bonito mientras duró, pero ahora siento que todo aquello se quedó en las aceras, en las cristaleras de sol, en las fotografías. Porque el mundo gira y los tontos miran. Y aquí seguimos mirando.

Me he llevado tal decepción con la mierda de revolución que hemos hecho, que este año ha ido a votar su puta madre. Cuando mi padre me cuenta cosas de los años 60-70, lo unidos que estaban en los trabajos, las grandes huelgas, las reivindicaciones colectivas, las manifestaciones prohibidas y las carreras delante de los grises, pienso en lo malcriados que estamos, en que lo hemos tenido todo y tan al alcance de la mano que cuando nos lo quitan no somos capaces de saber protegerlo, no tenemos las habilidades suficientes para defender nuestros derechos. Somos unos tristes, y tenemos lo que nos merecemos.

Y a nivel personal pues tb raro. Porque ese carácter que se me ha ido formando ha hecho que me vuelva como yo no era, protestona, quejicosa y malhumorada en general. No me callo lo que antes me aguantaba y dejaba pasar. No me da la gana seguir aguantando cosas que no quiero aguantar. Y eso la gente lo ve mal.  Porque cuando eres una modosita, que hablas pero poco, que intentas razonar, que eres cauta y precavida, la gente lo tolera, porque te puede seguir pisando, o porque se creen que llevan razón, pero cuando ya no te callas, cuando ya ni usas la ironía sino que lo sueltas así de golpe, ya no molas, ya eres una borde, has cambiado, estás rara, eres antipática, eres poco sociable, eres House, eres una quejica, eres un grano en el culo. Y temen a tus reacciones, temen que les vuelvas a decir lo que piensas, lo que sientes, temen oír la verdad, temen verse en un espejo al que no querían mirarse.

No solo lo ven mal, tb les afecta de manera personal, les duele porque no entienden ciertas actitudes, no asimilan ese cambio. A mi eso me crea cierto desasosiego, porque no me gusta ser responsable de que los demás estén mal. Pero no lo puedo evitar, salto como un resorte.

Yo siempre preferí ser como al principio, ir a mi aire, dejar que la gente crea lo que quiera, dejar que piensen lo que les de la gana, dejarles creer que llevan razón, dejarles pensar que son mejores, que tienen poder. Pero me cansé, llegué al punto de que mis oídos no toleran ciertas frases, hay palabras que no puedo soportar, hay cosas que comentan algunos que sería para encerrarles de por vida, y lo peor es que se creen esas mierdas. Mi cuerpo hierve oyéndoles decir mentiras, sandeces y gilipolleces varias. Y claro, como me he vuelto la niña de Carry, pues corto y cambio. Y no tengo ningún reparo en eliminarlos de mi vida de un plumazo.

¿Con el tiempo me he vuelto intolerante? Puede ser, pero lo peor es que me da igual. Me da lo mismo que piensen que soy una rancia, que me he vuelto una pasa, que se me está amargando el carácter. Porque he aguantado tanta mierda que ahora soy yo la que la va soltando a borbotones, fuego a indiscreción.

El año ha tenido tantas cosas malas a nivel personal que podría tirarme el 2012 entero escribiéndolas. Pero no puedo. Porque en mi teclado faltan teclas. Me las quitaron, me las censuraron, me las prohibieron. Y siento que me ahogo, pero eso no es lo importante, lo importante es el bienestar de los demás, que los demás sean felices, que no se lean cosas que no se deben. Lo importante es aparentar que todo va bien, que nunca hay problemas. Lo que yo piense, o sienta, o padezca no importa. Que sea mi vía de escape, mi túnel de salida, mi rincón de miserias, no es lo importante. Que sea lo único que sé hacer, lo único que me sirve de terapia, no importa. Y aquí estoy, con mi estómago hecho una mierda de volver a callarme lo que quiero gritar, con el inicio de una úlcera que me va apagando poco a poco la alegría de seguir, la alegría de hacer cosas, que me va echando capas de cemento. Es una lucha, y yo no he sido nunca muy guerrera. Lo llevo mal, lo llevo fatal, pero no se puede decir, no se puede nombrar, no se puede hablar. Es triste, es tan triste.

Y con esas tristezas, familiares, sociales y personales despido un año raro. Tan raro que quiero cenar sola, ese día que se supone tan importante, me importa una mierda. Si pienso en irme a una casa me da grima, si pienso en ir a otra me da mal rollo, si pienso estar con unos me da asco, si pienso estar con otros me da pereza. Si pienso estar con mi gato me da alegría, me dan ganas de hacerme un menú especial solo para nosotros, hacer lo que quiera, beberme las botellas de vino para celebrar mi nuevo estado, mi nuevo yo. Y empezar el año tranquila, sin ruidos, sin gritos, sin falsedades, sin escuchar idioteces, sin oír mentiras, sin ver a gente que no me apetece ver.

Ojalá los mayas tengan razón, ojalá para estas fechas del año que viene estemos recogiendo nuestras propias cenizas. Ojalá que exista otra vida y que no sea como esta.

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otra seta dijo...

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