amicitas, amicus, amare

 

Tengo más celulitis que hace un año, la báscula ha alcanzado cifras que nunca antes vi, mis ojos han perdido visión, mis oídos audición, mi cara parece haberse traslado a la adolescencia con la vuelta del acné, mi humor se ha tornado más agrio, la ironía que me caracterizaba se está volviendo pequeña porque la sinceridad se está abriendo hueco.  Tengo menos tolerancia y menos paciencia, a veces creo que padezco rasgos de un Asperger.

Pero por mucho que los años vayan pesando, por mucho que los cuerpos y las mentes no son los que eran hace 7, 8 o 12 años, hay cosas que nunca cambian, que se mantienen, como es la gente que te quiere, que  te aprecia, que te recuerda, que le apetece seguir sabiendo de ti, que se interesa por tu vida, que se preocupa por cómo te van las cosas.

Y sentirte querida, sentirte bien rodeada, sentir que tienes una almohada gigante, donde sus plumas abarcan zonas desde el barrio, pasando por Alcorcón, Leganés, Aravaca, Centro, Coslada, Torrejón, Cuenca, Guadalajara  incluso tocando el mar de Valencia, hace que te invada un sentimiento de gratitud inmenso, hace que pienses ¿por qué? con lo liada que estoy siempre, con lo dejada que soy con el teléfono, con lo perdida que puedo estar de todo y todos. 

Y si lo pienso bien, son muchos años compartidos: 14 con unos, la friolera de 19 con otras, 9 con las más recientes, y esos años han ido creando capas y capas de acontecimientos, de momentos para el recuerdo, de situaciones que siempre estarán ahí: la vaquilla del pueblo, los pañuelos de las Piratas, el cambio de peña en peña, días enteros en el barrio, chistes de amigos contados mientras hacíamos eso que un día llamábamos Botellón, fumadas inmensas en el césped de la uni, pellas en el abuelo, pellas en Húmera, noches de fiesta en el Montgó, noches de fiesta en Moncloa, noches de conciertos en el PCE, vomitonas etílicas por pueblos cercanos, recorrer calles de Madrid a 2 grados de temperatura para que se pasara el ‘pedo’, viajes a Cádiz, viajes a Barcelona, viajes a Gandía, días de fútbol en los bares, días de fútbol en los polideportivos, noches de lluvias de estrellas, noches de nervios por el qué pasará, si pasará, si no querrá, si yo, si tú, días de resaca solventada por los famosos  fotellines, días de setas en Soto, días de setas en Bilbao, días de setas en la nave, visitas inesperadas de Rámiror a las 8 de la mañana, disfraces en Halloween, disfraces en Carnavales,  bodas, bautizos, Cercedilla, Coslada, pueblos de amigos, sangrías caseras, besos robados, proyectos futuros, porros compartidos, risas de todos los tamaños, de todas las formas y de todos los colores, noches de pollos con pinchos morunos y patatas, exámenes compartidos, mañanas en clase imaginando artículos de una Constitución inventada, y miles de millones de ratos más.

Por todos esos momentos, solo queda agradecer, agradeceros, haber estado ahí, haberlos compartido conmigo, haberme dejado participar, haber contado con mi presencia. Y por supuesto, seguir aumentándolos día a día, mes a mes, hasta el infinito y más allá.

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otra seta dijo...

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