Tired

En mi familia de seis posibles hay dos que siempre se llevan la peor parte. Mi hermano ha sufrido desde bien pequeño toda clase de enfermedades típicas, varicela, rubeola, paperas, sarampión, fimosis, vegetaciones, incluso alguna enfermedad crónica a una edad adulta. La otra posible es mi madre: varices, terigio en un ojo, vértigos, tiroides, hernia inguinal, ciatica, y ahora, a saber.

Y da la casualidad-causalidad que son los más aprensivos de los seis. Los que toleran menos los disgustos, los que peor llevan los fracasos, los que más le dan vueltas a todo (quizá en eso yo gane), los que más se preocupan por todo lo que ocurre y lo que aunque no ocurra puede ocurrir.

Y claro, cuando tienes programado que tu día va a ser uno más y resulta que no es así, intentas adaptarte al medio como mejor puedes, sacas todas tus herramientas y habilidades adquiridas a lo largo de la carrera, a o largo del curso, a lo largo de la vida, y pa’ lante, como se suele decir. Y ante la pregunta de ¿y tú cómo estás? ni siquiera tienes una respuesta preparada porque ni te ha dado tiempo a pensar cómo estás. Porque estás hasta arriba de tantas cosas, de tantas, tantas, que no hay tiempo para pararse ni un segundo a asimilar nada malo que pase.

Pero ahora que tengo un ratito para mi, ahora que he descubierto una nueva voz, ahora que me he podido venir a mi rincón secreto, ahora que puedo decir lo que quiera, es cuando menos me apetece. Porque estoy taaaannnn cansada, a los párpados les cuesta despegarse de sí mismos , las manos apenas funcionan y la tecla delete es la que más está en uso. Será en mi rincón de pensar donde sea consciente de la situación, o quizá no, quizá el sueño me venza por una vez antes que pase por mi mente la oveja número 10.000. Quizá mañana sea más consciente de todo, quizá la negación sea la primera etapa. 

Aún así, es muy duro, lo sé, pero me lo esperaba, antes o después, algo iba a ocurrir, y la he avisado tantas veces, la he advertido en tantas ocasiones. Pero nada, a lo suyo. Porque pensar en posibles enfermedades cuesta. Porque asumir que puedes acabar como la señora que no te crió es un palo. Porque imaginar lo que pueden sufrir los de alrededor debe ser una tortura. 

Ahora solo queda la espera, no es tan grave como parece, pero yo ya no me fío de nada ni de nadie. Yo siempre espero lo peor, siempre. Y ese ejercicio mental durante años y años, para esto, para aquello, para lo otro, va mejor que vivir en mi nube, porque luego te caes y ese dolor no es tan soportable. 

Quizá he cometido un pecado: la profecía autocumplida.

Me asombran mis nervios de acero, todo hay que decirlo. También me pasó con mi padre. Pero ya lo he dicho antes, el primer paso es la negación. O también sea por este nuevo estado mío, una muralla de acero a las emociones.

¿Que cómo estoy? Cansada, de momento nada más. Y creo que eso es bueno.

Os dejo con mi banda sonora de este post, un grato descubrimiento.

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otra seta dijo...

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