el picapedrero

Cuenta la leyenda que existía  un hombre que era experto en tallar piedra. Cogía trozos sin forma alguna, bastos y sin pulir, y poco a poco con un cincel lo iba tallando, hasta obtener la forma deseada. Como el material era la piedra, a veces si se pasaba de fuerza las rompía, otras veces ellas mismas se resquebrajaban, a veces las dejaba a medias, pero cuando una forma se le metía en la cabeza no podía parar, tallaba y tallaba, pulía y lijaba, hasta darle la forma deseada, hasta que quedara a su manera, hasta que fuera lo que él quería.

Después, este hombre, las metía en una caja especial y al día siguiente cobraban vida. Si había hecho un árbol, éste pasaba de estar rígido, frío y gris, a ponerse verde, esbelto y hermoso. Si hacía un pez, de aquella figura salía un bonito ejemplar que llevaba al río para dejarle en libertad.

Una vez quiso hacer una mujer, se sentía solo ya que pasaba mucho tiempo con sus piedras  y no tenía tiempo de conocer a las del mundo real. Trabajó duro durante muchos días, pensaba cada punto del cuerpo cómo debía ser, era muy perfeccionista y muy preciso, así que siguió tallando hasta obtener el objeto deseado. La noche en que la metió en la caja estaba muy nervioso, porque al día siguiente aparecería la mujer que él había creado, tal y como llevaba tiempo planificando.

Apenas durmió, y en cuanto el sol se dejó ver fue corriendo a conocer a su futura mujer. Sería tan guapa como había imaginado, tan bella y con el rostro tan perfecto como él quiso, dócil, buena persona, amable, una perfecta ama de casa que le cuidaría todos los días de su vida.

Cuando llegó la caja estaba abierta, la mujer no estaba, y en ella encontró una nota que decía:

“Tú me has creado a tu imagen, tal y como me soñaste así soy, rasgos cálidos, nariz pequeña, ojos verdes, cuerpo esbelto. Pero se te olvidó que los pensamientos no se pueden tallar, que la conciencia o las ideas son de cada uno, que eso no hay nadie que nos lo imponga. Tú me has dado la vida, pero yo elijo vivirla a mi manera, porque la libertad está en poder elegir, y no en obedecer las ideas de nadie, por mucho que le deba incluso la vida misma”.

El hombre sintió una pena muy grande, pero entendió que el pensamiento no se puede moldear así como se crea un árbol o una barca. El sentir de cada uno nace de dentro, la inteligencia e incluso el alma no se cincelan ni se lijan.

Al día siguiente lo que hizo después de meter a otra mujer de piedra en la caja fue poner un candado.

C.P.

 

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