Afrodita

Cuando era pequeña tenía poderes. Tenía un amigo imaginario con el que hablaba y le contaba mis deseos. Deseaba ser invisible, y así fui, mucho tiempo, muchas veces, pasaba por algunos lugares y ni siquiera el detector de metales me reconocía. Los chicos no se fijaban en mi, pero yo tampoco en ellos, podía meterme en las tiendas y robar todo lo que quisiera. También tenía el poder de conseguir casi siempre lo que quería, quedarme más tiempo en las fiestas, o en las discotecas, conseguir copas gratis y colarme en conciertos abarrotados de gente esperando a ver a Dios

Nunca quise tener el poder de la seducción, la sensualidad no fue algo que me hiciera falta, ¿para qué? ¿para quién? No, no, eso no va conmigo. Yo andaba en mis nubes de color morado, yo no veía que la gente se fijara en mi, yo no notaba miradas seductoras intentado seducirme, yo no me daba cuenta de ser objeto de deseo de alguien. Porque sabía que eso no era probable, porque si se fijaban en mi es que les gustaba cualquier cosa. 

Ahora que soy un poco menos pequeña soy consciente de que tengo poderes nuevos, a veces sigo siendo invisible, pero de lo que me he dado cuenta es de que tener tetas me hace más visible de lo que me gustaría. Yo siempre he estado encantada de la vida con mi poco pecho, podía ponerme cualquier cosita que me quedaba divino, con poco pecho (a mi gusto) se luce mejor ciertas prendas, y las miradas no van a esos bultos protuberantes, van al conjunto en sí, o quizá van ahí pero a mi nunca me ha molestado.

Una vez una amiga me dijo que al teñirse de rubia pasó de ser la chica invisible a ser la más piropeada del barrio. Yo me di cuenta que cuando llevaba el pelo más claro se podían fijar un poco más, sí.  Pero no hay comparación. Este poder es increíble. Si me miran hasta las mujeres. El otro día no llevaba nada especial, el escote me llegaba a la altura de la clavícula, quiero decir, nada de nada, camiseta cerrada, un pantalón vaquero y ya, y un tío (casado seguro) me gritó desde su coche: ¡pelirroja! Y la gente, mis amigos, mis conocidos y mi familia, no paran de repetirme: joder, qué tetas tienes,  no? Y yo que nunca había sabido lo que era eso, ahora lo sé, ahora sé lo que es que no te miren a los ojos, sé lo que es correr a por el autobús y que el conductor pare aunque solo sea por ver ese ‘espectáculo’, ahora entiendo por qué  algunas amigas iban como enchepadas escondiendo sus bustos. 

Lo que no se atreven a decirme, y no sé muy bien por qué, es que además de tener tetas, tengo tripa, tengo culo, tengo cara pan, sobretodo tripa, madre mía, a veces imagino que cuando miran mi barriga piensan ‘está preñada’.  El día menos pensado alguien va a cederme el asiento y tendré que aceptarlo por vergüenza ajena. 

Y es un poder porque las mentes de los hombres son muy simples y con tetas se consiguen abrir más puertas que sin ellas, deben tener una banda magnética maestra o algo así. Y la verdad, para alguien que su sueño ha sido tener pecho puede que esté bien, pero yo no quiero tener ubres ni melones, quiero mis pechitos sexis pequeños y redondos, hacer topless y decir ‘qué, algún problema?’,  ponerme camisetas sin sujetador y saber que nadie más lo sabe, correr a por el bus o el metro y pasar desapercibida. 

Tendré que resignarme  y pedir consejo a las expertas, en la siguiente fiesta de disfraces ya tengo claro de qué voy a ir…..

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otra seta dijo...

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