Revolver no es solo un grupo

Hoy me ha vuelto a dar. He intentado mantenerme serena todo este tiempo, llevo años intentado no pensar demasiado en ello. Pero llevo una semana que no avanzo. La explosión de la rabia contenida y de la impotencia estalló el martes pasado, intento borrar frases de mi cabeza, echos de mi cabeza, palabras de mi cabeza, pero están ahí, y no puedo hacer nada porque se vayan.

Ayer hice todo lo posible por contenerme cuando mi sobrino respondió a mi te echo de menos con su “y yo a ti, qué te crees, tengo ganas de verte tía” y tuve que colgarle porque no quería que me oyera llorar.

Y hoy, que es la primera noche que duermo en casa, que sé que todo está tranquilo de momento, no puedo dejar de preguntarme ¿por qué? ¿por qué a nosotros?, no paro de pensar que ahora mis padres estarían bailando pasodobles, que mis sobrinos estarían jugando de un lado a otro, que todo tendría que ser como siempre ha sido.

Además siento como si hubieran invadido mi espacio, como si me faltara un poco de oxígeno, como si no estuviera en mi lugar. Y eso me hace sentir culpable porque si me pongo en su lugar, dormir en una cama que no es la suya, no poder ver a sus hijos, pensar que su vida se va cayendo en pedazos, redecorar una habitación para que parezca más a su gusto, dios, tiene que ser un infierno. Y pienso en mis padres, en la de veces que se habrán preguntado ¿qué hemos hecho mal? ¿y si hubiera sabido antes todo esto? ¿por qué a nosotros?

El miércoles pasado pude despacharme a gusto porque estaba yo sola, sin nadie que me escuchara sonarme los mocos, sin nadie que me viera secarme los ojos, dejando emerger de mi garganta el sonido de la rabia, de la frustración. Pero de las cosas que peor llevo una es llorar en bajito, no ver apenas las teclas por los ojos empañados, no poder respirar por la congestión, el dolor de cabeza de después y la cara hinchada de la sal.

Llevo una semana que apenas pruebo bocado, con dolor de tripa, con diarrea, sin apenas dormir, y no hay una sola noche que no me pregunte por qué tuve que ir aquél día, por qué no pude esperarme un poco, por qué reaccioné de aquella manera. Pero ya no hay vuelta atrás, quizá pasó para que mis padres pudieran descansar, quizá exploté por todo lo que había contenido, quizá ha pasado porque antes o después tenía que pasar.

Veo fotos, pienso en épocas pasadas, y me pongo mala, hace un año ya hablé de los viejos tiempos, sé que esto no ha hecho nada más que empezar, sé que hay que tener paciencia, sé que es difícil, y muy duro, pero esto me supera, me siento inútil, siento que todo lo que aprendí en la carrera no puedo aplicarlo, que se me va de las manos, siento que no puedo más.

El otro día miraba a mi gato y como una tía loca le decía llorando: daría lo que fuera por ser tú. Absurdo.

Sé que tengo gente a nuestro alrededor, sé que nos dan ánimos y fuerzas, sé que darían lo que fuese por cambiar esta situación, pero nadie tiene una varita mágica para hacer desaparecer los malos momentos, nadie tiene un poder especial para borrar todo este sufrimiento.

Ver a mi padre llorar de tristeza es muy duro, toda la puta vida currando para sacar a su familia adelante, toda la vida llegando tarde a casa para que no nos faltase de nada. Y ahora que tiene tiempo de disfrutar de su vida, de su mujer, de sus nietos, de su tiempo libre… otra vez a cuidar a un niño pequeño.

Pero es lo que nos ha tocado y habrá que salir como sea de este pozo de mierda al que hemos caído, solo me da miedo una cosa… y es el cuándo.

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otra seta dijo...

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