Para unos, la vida es galopar un camino empedrado de horas, minutos y segundos*

Pasan los años pero hay heridas que no se cierran. No son heridas que uno pueda ver, por lo tanto tampoco hay forma de curarlas. No existe medicina alguna que calme ciertos dolores.

Algunos dirán que está dentro del alma. Otros que es el cerebro el que no deja cicatrizar. Los más románticos lo achacarán al corazón. Yo soy más sencilla, creo que somos masocas por naturaleza.

Nos gusta sufrir, nos gusta el dolor. Además el umbral que separa lo que duele de lo que no cada vez es más alto. Lo que dolía mucho al principio se va volviendo menos intenso con el paso del tiempo. Yo como buena masoca, cuando me dolía la boca, me apretaba muy fuerte los dientes y mordía apretándolos, para llegar a un dolor tan extremo que al aflojarlos no sentía las molestias del principio.

Los poetas siempre dicen que los años de hambre y guerra son los más ricos en poesía, en arte, en literatura. Muchos artistas a los que he visto crecer, han escrito sus mejores canciones en momentos muy dolorosos de sus vidas. Las peores letras son a su vez las mejores. Y sin embargo cuando se quedan con la musa, cuando viven una vida de color de rosa, es cuando nos dejan de atraer, no nos vemos reflejados en sus letras, no sentimos lo mismo que antes.

Sufrir es poético, llegas mejor al resto de la gente cuando lo pasas mal. Casi siempre se oye la frase “me identifico mucho”. Con las canciones empalagosas, por el contrario pensamos que este tío ha cambiado, se ha vuelto un comercial o se ha empachado de algodón de azúcar.

Siempre he dicho que vengo de una familia de sufridores, que tengo en mi herencia genética impregnada cada célula en dolor, lágrimas y penas. Hay miembros de mi familia (muy extensa por cierto) que han pasado auténticos calvarios, baches y contratiempos.  Por lo que quizá no sepa vivir de otra manera. Quizá nací con un aura de pesimismo, que me hace siempre pensar en lo peor cuandose trata de mi vida o mi futuro o mis relaciones.

Escribir me ha ayudado a serenarme, a calmarme en momentos difíciles, a expresar con mis dedos lo que no he podido decir con la voz. Lo he usado de terapia mucho tiempo, de hecho me he dado cuenta hace unos días que mis primeros escritos son de hace 20 años. No sé si alguien daría un céntimo por leer lo que hay en ellos, para vosotros no es nada, para mí, toda mi vida. Sesgada y subjetiva, sí, pero al fin y al cabo ese es el problema de hablar con una misma, que no hay nadie que me contradiga.

Y no, la verdad que yo no encontré mi musa y me casé con ella, a mi me la robaron como hacía Sor María con los bebés en los 70, me la arrancaron de cuajo, echaron por tierra lo poco que he sabido hacer. O bueno, más bien renuncié a ella a cambio de cierta serenidad emocional.

No creo que la encuentre nunca más. Me cuesta horrores ponerme delante del teclado. Ya no tomo notas por la calle como una loca, ni me apunto las frases de las canciones. Ya no me paro a divagar cada movimiento de mi cuerpo, ni mis propias reacciones. Ya no llego a casa deseando sentarme aquí para vomitar mis pensamientos

Y a causa de no saber esconderme bien ni siquiera puedo dejar abierta la ventana.

la senda

la senda

No sé si llegará el día en el que me pare a coger este libro y arranque algunas páginas, no sé si podré seguir avanzando. No sé si quiero el camino que he elegido porque ya no tengo claro si lo elegí yo, o fue el que me hicieron escoger.

*Quizá sea volver a lo mismo, pero hay gente que te marca, y yo tengo devoción por el señor Iniesta.

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otra seta dijo...

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