palabras más, palabras menos

“Eres imbécil, estás tonta, me vuelves loco, estás fatal de la cabeza, háztelo mirar, no estás para lo importante, eres torpe, estás gorda, podrías arreglarte un poco, ese vestido es bonito.. en el cuerpo de otra, eres ridícula, no piensas las cosas, siempre hay que hacer lo que tu quieras, estás loca, no vives en la realidad, lo que dices no tiene sentido, con ese abrigo pareces una puta, haz deporte, deja de comer tanto, no tendrías que comer bollos, deja de fumar, me haces la vida imposible, te mereces que te pegue,  deja de hacerte la víctima…”

El otro día estuve hablando con mis amigos sobre el maltrato, sobre todo el maltrato psicológico que hace bastante difícil demostrar qué está ocurriendo.

Una decía que este tipo de maltrato es el peor de todos, el que más tarda en “curarse”, el más difícil de ver, el que está presente siempre, haya castigo físico o no.

Otra decía que cómo ibas a ir a la policía y demostrar ese maltrato, ya que al no haber pruebas evidentes quizá no servía de mucho acudir a las autoridades. Que en todo caso, si estás peleando por la custodia de tus hijos o algo así, si podrías denunciarlo, pero que otros casos lo mejor era dejar a esa persona directamente.

La última comentaba que las que soportan un daño psicológico es porque en el fondo se dejan, porque entendía que hay personas más fuertes que otras y pueden hacer daño, pero que si el daño era psicológico era porque no habían sabido poner límites, en el fondo tu has dado ese margen para que eso ocurra.

Si no digo nada más la mayoría de los que hayáis leído esto os vendrá a la cabeza un hombre insultando a su mujer, pero hablábamos de cualquier tipo de maltrato, de ellos a ellas, de ellas a ellos, de ellos a ellos, de niños a padres, de padres a niños, entre amigos, entre compañeros de trabajo… el castigo físico roza una barrera, la de la visibilidad, y ya estamos todos concienciados con eso después de 10 o 15 años de campaña y noticias en la tele.

Pero el psicológico… ¿cómo sabes si eres víctima de ese tipo de castigo? ¿cómo diferenciar a un maltratador/a de una persona con carácter, o sin pelos en la lengua, o que dice lo que piensa? ¿cómo sabe el maltratado/a que está siendo víctima si psicológicamente es más perceptivo a ese daño sin ser consciente? 

Insultos, que se rían de alguien, dejar en ridículo… ¿dónde acaba la broma, o el hecho puntual y empieza el castigo a largo plazo? ¿si no callas esas palabras que te hieren, acaso te estás dejando maltratar? ¿y si no respondes nunca porque crees que no hay nada que hacer, y dejas que la otra persona crea que se ha salido con la suya?

Al principio, he puesto un texto de cosas que suelo oír cuando dos personas discuten, y dicho todo así y fuera de contexto se podría decir que hay premeditación y alevosía. ¿Cuando insultas a otra persona para que quede mal, cuenta más la intención o las palabras que pronuncia? ¿sirve el arrepentimiento o pedir perdón después de algo así? ¿Es una forma de defenderse ante alguien que se le cree más fuerte? ¿o es solo una forma de defenderse ante los ataques de los demás? ¿puede ser que si esto es lo que has visto en tu casa, creas que el amor consiste en eso? ¿y que pasa si aún siendo consciente, la historia se repite? 

Complicado asunto, porque para cada uno hay un límite entre lo permitido y lo imperdonable, porque cada persona decide hasta dónde puede llegar, porque se puede juntar uno fuerte con otro débil y poco a poco ir rascando la poca cordura que tenía, porque el daño puede ser mutuo según cómo te encuentres ese día, o ese mes, o ese año. Porque sigo creyendo que hay dos víctimas aunque uno de y otro reciba. 

La única conclusión que puedo sacar es que nunca habrá maltrato psicológico si no quieres creer que lo hay, si no dejas que lo que digan afecte a tu modo de actuar, si tienes un momento de luz y eres consciente de que la otra persona está pirada, o pasando por un mal momento, o que realmente no hay mala intención. 

Bueno, y otra conclusión: las palabras duelen más que los golpes, las caídas o las hostias, duran más en el recuerdo, y no dejan cerrar heridas.  Y aunque yo no cumplo con eso, deberíamos pensar más lo que sale por nuestras bocas, porque no sabemos hasta qué punto podemos perjudicar a otras personas.

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otra seta dijo...

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