a mis amigas las no feministas

– No entiendo en absoluto a las mujeres… – murmuró Gary suspendiendo en el aire el cuchillo que le servía para picar el perejil, el ajo, la albahaca, la salvia y el jamón, que colocaría después sobre los tomates cortados en dos antes de meterlos en el horno. Era el rey del tomate provenzal.

Había invitado a su madre a cenar, la había sentado a la fuerza en el gran sillón que la servía de observatorio cuando miraba a las ardillas del parque. Celebraban el cumpleaños de Shirley: cuarenta años justos y solemnes. , había dicho a su madre por teléfono.

– Cuanto más tiempo pasa, menos las entiendo.

– ¿Me lo preguntas como mujer o como madre? – preguntó Shirley.

– ¡Se lo pregunto a las dos!

– ¿Y qué es lo que no entiendes?

– Las mujeres son tan… ¡pragmáticas! Pensáis en los detalles, avanzáis movidas por una lógica implacable, ¡or-ga-ni-záis vuestra vida! ¿Por qué sólo encuentro chicas que saben exactamente adonde quieren llegar, lo que quieren hacer, cómo van a hacerlo…? ¡Hacer, hacer, hacer! ¡Siempre tienen esa palabra en la boca!

– Quizás porque siempre estamos en contacto con lo material. Amasamos, lavamos, planchamos, cosemos, cocinamos, ¡limpiamos o nos defendemos de las manos largas de los hombres! ¡No soñamos, hacemos!

– Nosotros también hacemos…

– ¡No es lo mismo! A los catorce años nos baja la regla y no tenemos elección. Nos “hacemos” a ello. A los dieciocho, comprendemos que vamos a tener que luchar el doble que un hombre, hacer el doble de cosas si queremos existir. Después, “hacemos” niños, los llevamos durante nueve meses, nos producen mareos, nos dan patadas, nos desgarran al llegar al mundo, ¡más detalles prácticos! Después hay que lavarlos, alimentarlos, vestirlos, pesarlos, untarles el trasero de crema. Lo “hacemos” sin preguntarnos, y además “hacemos” el resto. El horario de trabajo y por la noche la danza del vientre para el Hombre. No dejamos nunca de “hacer”. Vosotros hacéis una sola cosa: ¡hacéis el hombre! Las instrucciones están inscritas desde hace siglos en vuestros genes, lo hacéis sin esfuerzo. Nosotras tenemos que luchar todo el tiempo…, acabamos siendo pragmáticas, como tú dices.

 

extracto de ‘El vals lento de las tortugas’.

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otra seta dijo...

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