relaciones. primera parte

Dicen por ahí: te casaste, la cagaste.

Nunca pensé que tendría que darles la razón. Si bien no estoy casada, al menos es como si lo estuviera.

Empezamos mal, como lo empezó nuestra relación hace 8 años, como lo fue el intento fugaz de noviazgo hace 12. También hay una frase que dice: lo que mal empieza, mal acaba. Y esa jodida frase ha estado dentro de mi cabeza día sí, día no, como sabiendo el final que todavía no ha llegado. Ya sé que estoy haciendo la profecía autocumplida, pero también conozco mi intuición, y aunque me joda, sé lo que va a pasar antes de que pase. Sin bola de cristal ni nada, pero lo sé.

Es verdad que nunca ha sido una relación al uso, al principio yo le quería con huesos, alma, carne, saliva, bilis y úlceras, pero él había cambiado, ya no era el niño tierno y tímido que fue en un tiempo. Y su carácter amargo y ácido y retorcido ha ido minando mis ilusiones. Nunca creí en el amor verdadero, no creo en las medias naranjas, pero sé que estuve enamorada, y supe que se me pasaría como es lo normal, y quise quererle como hacen las parejas que duran, que no están enamorados, porque es imposible estarlo más de unos 3 o 4 años, pero al menos conservan el cariño, la paciencia, las ganas de verse, la cordialidad, la comprensión, la comunicación.

Después de 2 años sintiéndome como una idiota, llorando por todo lo mal que me hacía sentir, y aun así amándole, por fin mi cuerpo se relajó, aprendió a convivir con la nueva situación, y el enamoramiento se fue y dejó paso a la pareja como uno. Y estuvimos un tiempo bien, de verdad, nos duró casi un año o año y pico, éramos como yo veía en el resto de la gente, apenas discutíamos, se acercaba a mí, yo ya no me ponía tan nerviosa con ciertos aspectos suyos, le comprendía mejor y aprendí a aceptar como era. Después vino una época donde yo seguía queriéndole como el primer día pero él me quería mucho más, más que nunca, yo lo notaba, lo sentía, y me gustaba, y pensaba que sería bonito estar así siempre.

Pero eso también se acabó, y entonces empezaron las batallas. Discusiones de nuevo, esta vez porque yo ya no me callaba, porque yo ya no me dejaba pisar, porque  había recuperado mi YO. Y eso a él le descuadró, pensó que tendría un perrillo que lamerle la mano toda la vida, y se le jodió el chollo. Y desde entonces es una lucha constante por hacerme cambiar, en lugar de aceptarme tal y como yo soy, como yo hice con él. Porque es muy importante saber aceptar que cada persona es como es, no intentar cambiarles. Pero las batallas seguían, y un día se rompió la barrera. Se traspasó la línea. Creo que ese día llegó hace 4 veranos, cuando me prohibió escribir cosas sobre él. Decía que le hacían sentir mal, que lo pasaba muy mal leyendo y que la gente supiera todo lo que yo ponía. Yo le insistía que no daba nombres, que no daba datos como para que supieran que hablaba de él. Pero no hubo forma. Y tuve que renunciar. Y lo pasé mal. Dejé de escribir unos meses, y mi cabeza no me lo perdonó. Tuve que tomar una decisión, y decidí seguir escribiendo, porque es lo único de lo que me siento orgullosa. No tengo un cuerpo atractivo, no realizo nada en modo experto, no destaco en nada en particular, pero mis dedos saben hablar, y yo no puedo conseguir callarlos, lo único que me daba un poco de libertad, y lo aplastó como una simple hormiga.

Así que me busqué un rincón, y seguí, sin que él lo supiera, engañándolo como hacen las malas personas. Al menos mi cabeza descansó. Fue un acto egoísta pero tuve que hacerlo, no puedo renunciar a lo único que me gusta en la vida. Y seguí, aunque ya no era lo mismo, pero me dio igual. Aunque creo que fue ese punto el que me hizo ir perdiendo el cariño que le tenía. Fue ahí cuando se abrió una brecha que cada día se ha ido haciendo más grande.

Eso, y la gran bronca de hace dos años. Me sacó de mis casillas y le pegué una bofetada, como en las películas, y acto seguido como una imbécil me sentí culpable y me puse a llorar por el monstruo en el que me había convertido. Me perdonó, pero yo sé que la brecha se rompió de su lado por mi culpa, y ahí también hubo un punto de inflexión.

Nos perdimos el respeto, y comenzó la época del todo vale. Insultos, los más fuertes y peores que nadie se ha dicho nunca, contacto físico poco, porque yo me he controlado desde entonces y él sabe que no puede tocarme. Pero psicológicamente ha sido un infierno. Tiene un carácter que sabe herir donde más duele, y yo soy más rabiosa que otra cosa, así que me vuelvo loca ante sus palabras.

Y aun así seguíamos juntos, qué tontería verdad? me había convertido en eso que más odiaba, una pareja que no se respetaba pero que convivía. Y esa lucha interna mía de saber que esto va en contra de lo que pienso junto con mis sentimientos que todavía le querían, ha hecho que al final lo vaya dejando pasar, y siempre me quede con lo bueno, y lo malo, a no ser que lo escriba, se me haya ido olvidando.

Pero hubo otro punto clave, una bronca en que fui yo la que le saqué de quicio, y entonces sí, me agarró del cuello y me empujó contra la cama, yo lloraba y lloraba y lloraba, porque no podía creer todo eso. Al final la cosa siguió, como siguen las cosas que no tienen mucho sentido. Y el deseo? pues por raro que parezca no desapareció, follábamos poco para mi gusto, pero eso desde el principio, yo soy mucho más activa. Pero me gustaba follar con él, y sé que a él conmigo. Y luego teníamos largas conversaciones, y risas interminables, y opiniones compartidas. Y con eso me quedaba, y con el cariño, y con los mimos que me hacía y yo a él.

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