10 años

El día 7 hizo 10 años que empecé esto. Yo por entonces no sabía ni qué era un blog. De hecho no empecé aquí, era un espacio que pertenecía a Messenger. Cuando todavía usábamos el hotmail y era el chat principal por el que comunicarse con los amigos. Yo no sabía qué era un post. Tampoco leía otros espacios, me metía en el mío para contar cosas que me parecían interesantes, colgaba fotos, algún vídeo, tenía una lista de pelis, de libros y otra que eran pedacitos de canciones que en ese momento significaban algo.

Lo podías hacer público o privado, y yo como siempre “privado, privado, que hay mucho cotilla por la red”. Lo leían 4 amigos, comentaban las publicaciones, lo pasaba bien, era muy divertida en esos años, mi forma de escribir era sin saber muy bien lo que estaba haciendo. Era espontánea, y me gustaba mucho usar las metáforas y el sarcasmo.

Los años pasaron, me eché novio, y fue una forma de canalizar mis sentimientos, a veces sufría, otras veces estaba alegre, pero como todo escritor sabe la mierda siempre da más juego que lo bueno. Así que me servía para canalizar lo malo, básicamente. Y no volverme loca.

Cuando apareció Facebook pensé en hacerlo público, pero dije “no, que hay mucho cotilla”. Al fin y al cabo escribir es exponerte, puedes estar hablando 100% o 5% de ti, pero siempre hay algo de ti, y yo no sé hablar de cosas que no me han pasado. Bueno a veces siento muy dentro cosas que le pasan a los demás y soy capaz de expresarlo, pero porque empatizo mucho.

Este espacio iba cambiando, a veces no me gustaban esos cambios, y dejada de escribir un tiempo, hasta que en 2010 creo recordar Messenger Space (no recuerdo el nombre literal) desaparecía, y te daban la opción de crear uno en WordPress. No lo creabas desde el principio, lo trasladabas como si fuera una tienda, a tu gusto pero con las mismas historias que habías contado hasta entonces. Tuve una gran crisis, a mi pareja no le gustaba nada que yo hiciera esto, porque muchas veces hablaba de él o de cosas nuestras y le sentaba mal. Me lo prohibió, y creo que ahí empezó a caerse la casa. Yo no ponía su nombre, hablaba tan metafóricamente que la gente no sabía de qué hablaba. Pero él se identificaba. Cuando me preguntó Messenger qué quería hacer con el blog, dudé en destruirlo para siempre, pero me dio tanta pena y rabia, que dije “no, ni de coña, esto me ha costado tanto esfuerzo, sudor, lágrimas, alegrías, buenos momentos, no puedo tirarlo por la borda”. Así que me fui, me escondí, maté a la antigua yo y renací como el ave fénix. Él nunca lo supo, solo mis 4 o 5 lectores asiduos. Y pude continuar siendo libre.

Pero no era este blog, era otro, era el original. Pasaba el tiempo y cada vez más gente se subía al carro de escribir, cosa que me parece bien, incluso lógico porque hay estudios que demuestran que escribir (poemas, textos, relatos, lo que sea), te quita horas de psicólogo, y yo por suerte o por desgracia nunca pisé uno. Y entonces la gente que leía mis cosas me decía que le gustaba mucho, claro que no son expertos, y puede que sea gente que se conforme con cualquier cosa, pero eso mi ego no lo sabe diferenciar. Así que me dije “o empiezo una vida pública, intento dedicarme a esto, o siempre me arrepentiré”.

Así que ese blog, de tantos años, de tantos momentos, lo quemé. Volvió a depurarse, y volví a traspasarlo a este, al actual, al que estás leyendo. Aquél comenzó de cero, este continuaba ahora sí en el más estricto anonimato. Surgí de nuevo de mis cenizas como una seta, aunque por todas la vidas que he ido perdiendo parezco más un gato.

10 años, que se dice pronto, 10 años expresando mi opinión de cosas que pasan en el mundo o en mi mundo, y sin nadie con quien celebrarlo. Pero es es por mi decisión de vivir sola en el bosque.

Ahora tengo una bipolaridad contrastada. Ahora tengo una cara pública, con poco público, pero que sabe a lo que me dedico, y una vida micológica, oscura, decadente, donde nadie me conoce; o quizá no, quizá más florida, más pura, con menos miedos y más de mí misma.

Las setas somos así, crecemos donde nos da la gana, no podemos controlarlo, y por mucho que nos cortes, volveremos a salir, porque los hongos puede que seamos imperceptibles pero también somos un poco puñeteros.

 

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otra seta dijo...

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