inadaptada

No sé qué me ocurre, pero cada día me gusta menos estar con gente. Aunque sean amigos y haya buen rollo y me lleve bien. Me cuesta. Empiezo a ver sus defectos y es como si no los aguantara. Como si no pudiese con ellos. Con la de defectos que tengo yo. Pero es verdad que hay un ego que está creciendo en mí. Como si me creyese mejor que los demás. Como si la gente no supiera de la vida y fuese yo la que más sabe.

Sé que eso no es así, sé que soy una seta ignorante en muchos aspectos. Quizá venga porque hay personas que al hablar se creen con mayor derecho que otras y eso es lo que me molesta. Pero claro pensando como pienso al final me convierto en una de ellas.

He tenido dos viajes bastantes divertidos, me lo he pasado bien en ambos lugares y la compañía ha sido buena. Pero me siento como si sobrase, como si yo no pintase nada entre ellos. Como si estuviera de pegote. Como si mi aportación no importase nada. Al hablar notaba ciertas cosas. Quizá mi ego cree que si yo hablo la gente deba decirme lo bien que lo hago, y la razón que tengo. Pero en el fondo llego a conclusiones a las que podría llegar cualquiera. Digo cosas que se saben. No invento nada, no creo nada nuevo. Soy una más. Y quizá ese una más me hace sentir mal, porque es verdad que yo siempre he querido ser alguien especial, importante, que la gente respete y admire.

Mi compañero dice que me he vuelto un poco asocial. Un poco Sheldon. Y probablemente no sea exagerado. Puedo estar un rato agradable con alguien, pero 24h con la misma persona se me hace un mundo. Cuando oigo de su boca ciertas incoherencias mi cerebro hace “clic” y no lo soporta, es como si me dieran calambres. O cuando oigo a algunas dárselas de las mejores gourmets, o sommeliers, o expertas en ginebras, cuando lo que dejan ver es un verdadero problema de alcoholismo. O cuando miran sin decir nada pero están pensando que eres imbécil. O cuando gritan por todo y son escandalosas y sueltan improperios porque sus cabezas no dan más de sí para crear una argumentación. O cuando por tener más edad se creen que lo que dicen es la verdad.

Antes yo aguantaba más a las personas, les comprendía mejor, empatizaba más con ellas. Ahora siento rabia porque creo que la mayoría son gilipollas profundos y no saben de lo que va la vaina. Hablan por hablar pero no dicen nada. Se creen expertos en algo cuando muchos no tienen ni puta idea.

Creo que el máster me ha cambiado la forma de ver al mundo, siento que solo unos pocos elegidos vemos lo que pasa aquí (al menos respecto al sexo) y el resto está en los mundos de Yupi.

Por lo que me da cada vez más pereza entablar conversaciones con los de siempre, quedar con los de siempre, hacer lo de siempre con los de siempre.  O puede que por mi forma de verles ahora sean ellos los que hayan cambiado de actitud y no quieran estar conmigo, con la tarada, con la asocial, con la que va por libre, con la que no se adapta al grupo, con la que no ve la maldad cuando es evidente.

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otra seta dijo...

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