decisiones que están tomadas pero todavía no lo sabes

Yo soy una seta que se fija mucho en las señales. No me refiero a las señales de la carretera, ni a las que dejan los extraterrestres en los campos. Señales cósmicas, energéticas, señales del lenguaje corporal, del lenguaje oral, ese tipo de señales.

Y llevo unas semanas que mi destino me va diciendo que me busque otro bosque. Porque aquí ya no me quieren mis vecinas. Unas me ignoran, otras se enfadan conmigo sin decirme por qué, otras se enfadan porque malinterpretan mis palabras, otras me dicen cosas feas porque están dolidas por algo que no iba con ellas pero que han asumido como propias. Me dicen amargada, me dicen que tengo días malos, me dicen que algo me habrá pasado en el trabajo, me dicen que la culpa de mi comportamiento es por a saber usted qué cosa.

Pero yo no lo entiendo, si yo estoy muy bien. No discuto apenas con nadie porque ya he visto que no merece la pena malgastar energías. Voy a yoga y mi mente y mi cuerpo están cada vez más fuertes. Hago mi trabajo sin molestar. Asumo ciertos comportamientos y entiendo que la gente no cambia. Aprendo de mis errores para no volver a cometerlos. Intento medir mis palabras aunque reconozco que eso es lo que más me cuesta de todo, me lleva costando muchos años y no sé cómo arreglarlo. Digo lo que pienso sin pensar mucho lo que digo, y luego la gente se pilla unos mosqueos por no querer oír la realidad…

Así que como estoy en un punto de mi vida que únicamente voy buscando lo que me hace feliz a mí, sin fastidiar a los demás pero sin preocuparme por si el resto del mundo lo ve bien o no, intento diseccionar esto que me pasa, analizando cada punto, cada persona y sólo encuentro dos explicaciones: o que soy yo que por alguna razón estoy atrayendo hacia mí todo lo malo y negativo de las personas, me lo vomitan y entonces hasta luego, por lo que debería cambiar alguna actitud mía; o son señales que me hacen ver que la gente es imbécil, que se comportan como críos, que no saben perdonar, ni pedir perdón, que no saben valorar lo que tienen y que en el fondo me vendrá mejor para mi mente, mi karma y mi alma dejar de rodearme de gente tan absorbente, tan manipuladora, tan egocéntrica, tan soberbia y llena de rencor.

Hay un destino que me llama desde hace muchos años, y por cosas estas del universo estoy con los pros y contras de irme allí. Y con todo esto que me está pasando sinceramente me estoy viendo abocada a irme sin mirar atrás. A lo mejor, la vida que es muy lista, me lo está poniendo fácil para no sufrir con las despedidas; o para que me dé cuenta que lo que vendrá es lo mejor que me puede pasar; o simplemente porque estoy en un lugar que no me corresponde, o porque la gente se ha cansado de aguantarme…

Siempre me he sentido juzgada, siempre he sentido que me observaban, para que, en cuanto me equivocase darme un Zas! en toda la boca. Hay gente muy mala que se alegra de las desgracias de los demás, o que están esperando a que pase algo malo para que “vea lo que es sufrir”.

Yo ya no quiero gente así a mi alrededor, no quiero gente prepotente, no quiero aguantar a novias de amigos que yo no elegí, que se creen muy listas y en realidad son unas niñatas que no saben nada de la vida. No quiero una familia absorbente que pase lista cada vez que faltas y que te eche en cara sus miedos y sus mierdas, haciéndote sentir como el ser más asqueroso de la tierra. No quiero amigos que van de super colegas cuando en realidad nunca te preguntan cómo estás, cómo te va la vida, qué haces en tu tiempo libre, o simplemente si quieres tomar una cerveza. No quiero jefes que van de caritativos y luego son unos agarrados de mierda, llenando de trabajo a sus empleados mientras ellos se van de compras, porque “los empresarios son los que mueven la economía”.

No sé lo que decidiré, pero al menos hoy, 7 de octubre, me lo están poniendo muy muy fácil para no echar la vista atrás.

 

El último disco de Manolo García me ha calado bastante dentro, es mejor leer las letras porque dicen muchas cosas, eso sí, con un diccionario al lado. Hay una frase con la que voy a despedir esta entrada, porque me viene muy al pelo.

 

Hoy, espero no errar

y si yerro salga el sol por Antequera.

 

 

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otra seta dijo...

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