poniendo punto y final a las relaciones filiales

Ignoro si las relaciones entre hermanos se denominan así, pero no sé cómo llamarlas.

Carta a mis hermanos, con total sinceridad, y esperando que sea la última, porque estoy hasta los cojones de dar explicaciones a todas horas, que me manipulen y que me chantajeen emocionalmente. Soy la pequeña, tengo derecho a ser la mimada, pero en realidad no es así. Se me ha puesto un rol que no me corresponde. Y estoy bastante harta. Son hermanos, no los elegí, me vinieron dados. No tengo por qué llevarme bien con ellos, o con todos, y si tengo problemas personales con uno los demás punto en boca.

 

Por cierto, toda mi vida, toda, mi madre, mis hermanos y sobre todo mi hermana, me han dicho que no cuento nada, que me guardo las cosas para mí, que no parece que contara con vosotros. Cuando por fin me abro un poco y cuento alguna cosa que me ocurre, así por encima, alguna alegría como que publiquen un texto mío o un relato, y alguna no tan alegría, como que no me paguen la ayuda del alquiler para poder saldar mis deudas, al final lo único que recibo son reproches, insultos y la palabra clave que a todo el mundo le sale, que estoy amargada.

Estoy en el mejor momento de mi vida, estudio lo que me apasiona, con mi pareja se han terminado los enfrentamientos, he dejado de cargar con la culpa de los demás y he empezado a mirar por mí, he asumido que la gente no cambia, e intento olvidar experiencias dolorosas que he tenido en el pasado, aunque algunas son muy muy difíciles de borrar. El curro me gusta aunque considere que me pagan poco porque me valoro, la verdad. Vivo tranquila en mi piso con mi gato sin molestar a nadie. Y aunque a mi madre siempre le duele algo, veo que en general mi familia ha dejado atrás una época más oscura, todos tenéis trabajo o al menos os pagan, vuestros hijos van mejor en la escuela y no hay grandes enfermedades entre nosotros.

Aun así, qué curioso, nadie es capaz de verlo. La gente se hace sus pajas mentales pensando si estaré mal por esto o aquello, y por eso soy como soy. Yo no soy adivina, no sé si alguien tiene un problema conmigo si no me lo dice, pero tampoco me gusta que la gente intente adivinar lo que me ocurre, en caso de que me ocurra algo. Si alguien quiere saber cómo estoy o qué me pasa, solo tiene que preguntarme. Tan fácil como eso. No asumir cosas que no son, no juzgar a los demás sin tener ni idea de los motivos que hay detrás, no dar por hecho cosas.

Yo no vengo dando lecciones de nada, es verdad que a veces doy consejos sin que nadie me los pida, yo que sé, soy así, si creo que algo es bueno para mí pienso que para otra persona lo puede ser. Yo no ayudo económicamente a nadie porque no me puedo mantener yo sola casi, pero ayudo de la manera que sé y que mis herramientas me permiten.

Hace un tiempo dije que no hablaría demasiado por aquí, porque siempre se malinterpreta todo. Ahora creo que ni por aquí ni por ningún sitio, porque total la gente solo habla, habla y habla, hablan de sus problemas, de su trabajo, de sus cosas, de su exparejas, de sus hijos, de sus amantes, de sus amigos… y no dejan hablar al otro, no escuchan, no les importa lo que el otro les dice. Cuando una persona pide una opinión, el que la pide debe comprender que lo que va a oír puede que no le guste, y el que la da tiene que asumir que una opinión es una opinión, que no sirve de nada, que al final cada persona hará lo que crea más conveniente.

 

Nos pasamos la vida queriendo cambiar a la gente para que sea como nosotros creemos que debe ser una persona, “fíjate qué relación tiene, si casi ni se ven, eso no es una relación” “pues mira a esa todo el día trabajando sin ver a sus hijos, vaya madre” “una familia debe ser….” “una persona normal no haría….”

Normas, constantemente normas, algunas con moralidad incluida.

En lugar de asumir que cada persona es como es, que nosotros no somos dioses ni vamos a cambiarlos, que por qué además cambiar a los demás, mejor en todo caso cambiar cada uno de sí mismo lo que crea que no le gusta o pueda mejorar.

Al final de la vida, están los que han sido felices con lo poco que han tenido, dando valor a lo que realmente importa (para cada persona lo que considere importante) y vivir sin rencor ni odio ni comparaciones ni obsesionados con que la gente es así o asá.

Y luego están los que miran atrás y creen que sus vidas han sido una mierda, porque no han hecho lo que les hubiera gustado, porque ponen las expectativas muy altas, porque no son realistas, porque obligan consciente o inconscientemente a sus hijos a hacer lo que ellos hubieran querido hacer y no pudieron…

 

Yo definitivamente si tengo que luchar por algo será por ser del primer grupo. y quien no lo quiera aceptar no podré hacer nada al respecto.

 

no vi la serie pero el título es tan certero que había que ponerlo

 

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otra seta dijo...

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