por qué no votar

Ya que no me lo publican porque se han pasado las elecciones, lo copio aquí y me quedo tan a gusto.

La gente que me conoce sabe que me interesa la política. La gente que me conoce mucho sabe que soy una pesada con la política.

Desde que cumplí los 18 años tuve claro que iba a votar y a quién iba a votar. Por mis principios, por mis ideales, por los que lucharon para que tuviéramos ese derecho, porque creían en un sistema igualitario, justo y democrático, por las mujeres que no pudieron hacerlo durante tanto tiempo. Pero este año, que probablemente era el mejor año para votar por la pluralidad de partidos, no lo he hecho. ¿Por qué?

Primero porque no es una obligación. Aunque moralmente me molesta, porque creo que es mejor poder elegir, que no hacerlo. El problema es que yo no elijo, ni tú, ni nadie.

Porque todo ya está decidido. Los poderes fácticos, económicos, las altas esferas, ya deciden por nosotros. Esto es un juego, un entretenimiento, una forma de decirnos “venga calla y toma un papel que ni siquiera tú metes en la urna. ¡Mira qué divertido, si participas en la democracia!”. Algunos me dicen que hay cambios de “color”, pero yo les recuerdo que siempre hay alguien por encima que pide cuentas, y en nuestro caso es Alemania y Bruselas. Y a ellos les da igual el color del partido que nos gobierne.

Entonces llegan las mayorías absolutas y… ¿qué decías? ¿Que mi voto qué?

Porque está la Ley D’Hondt, una ley injusta, que hace que mi voto no valga lo mismo en Madrid o en Soria, y que no vale lo mismo si votas a un partido u otro. Parece que la gente empieza a darse cuenta de la trampa. EEUU decidió como sería nuestra democracia y aseguró las reglas del juego para que ganen los de siembre.

Porque una persona que no se lee el programa del partido al que va a votar no debería tener el mismo peso que otra que se implica y sabe de qué va esto. Por eso decimos en mi entorno: a votar se va leído.

Yo fui de las que dije, “pues luego no te puedes quejar”, pensando que esos que no iban a votar eran personas a los que la política no interesaba nada y preferían ver Sálvame, sí, prejuicios míos. Pero ahora me doy cuenta, desde hace 5 años o así, que tiene un gran sentido no acudir a las urnas, porque es una forma de decir, “oye, que esto no va conmigo, este sistema es injusto; no es democrático si una ley para todos la deciden unos pocos”.

Ellos ponen las reglas del juego, mientras nosotros nos la jugamos de verdad.

Además, siempre nombran al mismo país en cuanto a las elecciones porque alegan que son un fraude; perdonen, aquí sí que hay fraude y parece que a nadie le importe. Todos los años salen casos de personas mayores con alguna demencia que votan sin saber a quién, incluso personas fallecidas, cosas surrealistas. ¿Acaso no hay que vigilarlo? En otros países ¡se hace con la huella dactilar! Somos tercermundistas para lo que queremos.

Yo no tengo la solución, porque si la tuviese una de dos, o sería famosa por ello o estaría muerta. Lo que sí sé es que este juego de participar “activamente” cada cuatro años, haciéndonos creer que tenemos algún poder así, no me lo creo, y no me apetece jugarlo.

Sé que lo que digo o pienso no es plato de buen gusto para casi nadie, y es probable que me encuentre sola ante estas ideas, pero si alguien realmente cree que metiendo un papel en una urna va a cambiar la situación de este país, es que eligió la pastilla azul y sigue viviendo en Matrix.

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otra seta dijo...

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