Un mundo feliz (extractos)

Durante un larguísimo periodo antes de Nuestro Ford, y aun varias generaciones después, los juegos eróticos entre niños habían sido considerados anormales (carcajada general); y no sólo anormales, sino positivamente inmorales (¡no es posible!); y por consiguiente, habían sido rigurosamente prohibidos.
En las caras de los oyentes apareció una atónita incredulidad, ¿pero es que los pobres críos no tenían derecho a divertirse? No podían creerlo.
– Hasta a los adolescentes – decía el D.I.A.,- hasta a los adolescentes como vosotros…
– ¿Nada?
– En la mayoría de los casos, hasta pasar de los veinte años.
Un mundo feliz, Aldous Huxley
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