de lechugas y otras singularidades

Autumn

El otoño me suele dar algo de bajón, suerte que el año pasado apenas noté nada. Y éste no sé qué decir. Primero porque está siendo un otoño un tanto extraño, y segundo porque al estar en paro sería más “normal” tener algún bajón de vez en cuando.

Pero me planteo en una encrucijada. Por un lado fui yo la que decidió dejar el curro, mi jefa es un ser sin escrúpulos y no estoy dispuesta a tragarme su mierda. Pero tenía alguna idea en cuanto a la sexología que se fueron diluyendo gracias o a costa de mi forma de ser que se deja abatir antes de intentarlo. Y me ha afectado en el plano profesional porque estoy en un bloqueo del que no puedo salir, ya ni siquiera me apetecen los planes de negocio con mis compis.

 

Y es que estoy en ese punto donde todo lo veo triste y gris. Donde mire lo que mire me parece gris. La sociedad me repugna cada vez más, incluso hasta la política a la que era bastante aficionada me ha dejado de encandilar, porque me dan todos mucho asco, y porque si alguien se atreve a cambiar algo le van a pisotear sin piedad. Es como si tuviera 5 años y pensara: jolines, todo el mundo es malo.

Y en parte es así. EEUU puede que en unos días elija o manipule en las elecciones al tío más inútil del planeta. Aquí en España se ha decidido dar vía libre a la corrupción, a los ladrones, a los estafadores, a la hipocresía, a la mediocridad. Y eso ha sido en parte por el sistema de democracia representativa con el que no estoy nada de acuerdo, y en parte por un partido que en los 80 hizo creer a la ciudadanía que era un partido solidario y comprometido. Dicen que era como es Podemos ahora, o sea, que Podemos en 30 años será el PSE de ahora…

Y es como una sensación que me invade de pereza absoluta. No tengo ganas de trabajar en nada porque sé que nada me llenará como para levantarme cada día con una sonrisa, porque siempre habrá un jefe gilipollas que haga de tu trabajo tu peor pesadilla. Tampoco te dan las oportunidades porque para cualquier cosa te piden años de experiencia, y sin una oportunidad no podrás acceder a dicha experiencia, todo muy lógico.

También me da pereza la vida en general, los amigos cada vez son menos y lo son menos y si no soy yo la que está encima, la gente pasa, de un tiempo para acá vengo con una sensación de pasotismo hacia mí, pero no diré quién es culpable porque en realidad me da lo mismo. Me da igual si el mundo sigue girando o un meteorito se estrella, de hecho a veces hasta quiero que haya una catástrofe grande que cambie este modo de vida rutinario y aburrido que llevamos. Que sí, que ya sé que yo debería poner de mi parte y hacer que mi mundo sea mejor y más bello… pero es que no me apetece. Han vuelto los pensamientos suicidas, ya sé cómo lo haría, y qué diría en mi despedida.

Me da pereza porque no tengo un objetivo, no me voy a casar ni a tener hijos, no quiero ser vieja y enfermar, no quiero pagar un alquiler o hipoteca toda mi vida para malvivir, no quiero currar en algo con lo que tuve que conformarme, me da lo mismo si mi pareja decide dejarme o no, bueno ahora egoístamente no mucho porque me medio mantiene él, bueno qué coño, le sigo manteniendo yo en paro porque su curro no le da para más, pero en tres meses o me mantiene él o yo no sé qué será de mí.

Me da pereza vivir con mis padres, pero tampoco podría compartir piso porque me da pereza conocer gente y tener que guardar las formas 24h en mi propia casa. Me da igual no haber publicado un libro porque ahora me he dado cuenta que mi vida no le interesa a nadie, y que mis anécdotas son sólo importantes para mí.

Soy una persona anónima que permanecerá en la sombra toda la vida, y eso me da lo mismo, yo no he tenido aires de grandeza, si hasta hace poco no escribía en público porque me parecía la forma de desnudo más íntima. Ya no tengo curiosidad por nada.

Por lo que la conclusión es clara, para un psicólogo será depresión, para un terapeuta familiar será falta de afecto materno en la niñez, para un empresario falta de iniciativa, para una feminista el patriarcado que me oprime (la culpa siempre es del patriarcado), para un religioso la falta de fe, y así hasta el infinito. Pero para mí es más sencillo, si ya no tienes curiosidad por nada, ni ganas de descubrir cosas nuevas, ni metas ni objetivos por los que luchar, entonces es que ha llegado tu momento de dejar el mundo terrenal.

Hasta pienso en qué me reencarnaría si fuese posible, y he perdido el miedo que me albergaba desde hace tiempo a morir y pensar en la nada más absoluta, me da lo mismo desaparecer.

Sé que la gente está a sus problemas pero me da asco la gente, las personas que van de algo que luego es mentira, que no se preocupan de los demás, las injusticias que se cometen en el mundo me dan mucha rabia, y no puedo hacer nada para cambiarlo. Y claro que me podría liar la manta a la cabeza y dar un cambio radical a mi vida, pero me da pereza, esas cosas solo salen bien en las pelis, y bastante imaginativa soy ya y bastante que me he creído capaz de encontrar curro en un mes.. que puta ilusa joder.

Quizá sea la vía fácil, pero no hago más que ver que los polos se deshielan, que habrá un cambio muy grande si no hacemos nada, los alimentos cada vez escasean más, no sé, es como que hay un mundo apocalíptico en la vuelta de la esquina y no me apetece quedarme aquí para contemplarlo. Además no quiero ver cómo se va muriendo la gente que me rodea y quedarme con las ganas de decirles que son imbéciles. Bueno no, no soy tan radical, no todo el mundo es tan imbécil.

Bueno, me quedan un par de meses. Veremos si ha cambiado algo mi pensamiento. Por cierto aunque es imposible de conseguir, bueno, difícil, sería muy poético morir intoxicada de amanitas muscarias. Voy a buscar por si acaso… 😀

Medio Ranma

No sé por qué el otro día, viendo mi avatar de Ranma, vinieron a mi cabeza muchos recuerdos. Recuerdos de un mote, que salió sin quererlo, porque era asidua a llevar una trenza cuando iba al cole. Y en mi época Ranma causaba furor. Y quizá de ahí vino mi obsesión por el pelo rojo, pero eso ya lo conté en un post anterior.

Lo bueno de Ranma es que quizá esconda más de lo que me imaginé. Yo no era la típica niña femenina, tampoco sé si entraba en la categoría de marimacho, pero está claro que el rosa lo odiaba y todo su simbolismo. De todos los dibujos que existían mis compañeros eligieron uno que tenía problemas con su sexuación. Que es lo que me ha pasado durante bastantes años. No es que me sintiera chico, es que me gustaba el rol de chico. Ellos se quedaban hasta más tarde en la calle jugando, podían ir solos a comprar chuches a otro barrio, no tenían que llevar vestidos ni desenredarse el pelo lleno de nudos, tampoco tenían que usar el color rosa, que de todos los colores era el peor, cómo lo odiaba!!

Nunca se lo he contado a nadie, y tampoco me paré a pensar en ello hasta que me hice más mayor. Siempre me ha gustado ser chica, porque he sentido que si me lo ponían más difícil más mérito tenía. Pero una parte de mí envidiaba ser chico por esas cosas. No es envidia de pene como diría el misógino de mierda de Freud, era envidia de roles sociales de chico. Eran los 90, quizá ahora no tenga mucho sentido lo que digo, pero por entonces todavía había diferencias muy marcadas.

Quizá que mi mejor amigo fuese un chico influyera en ver esas diferencias, quizá que me llevara mejor con los chicos que con las chicas hiciera que me sintiera más “chico” que “chica”. Sé que son convencionalismos, que hoy pensamos que las cosas son de un género porque estamos acostumbrados a eso, seguramente hace 500 años eran otras cosas diferentes, por ejemplo llevar tacones era típico de señores, o medias o faldas. Son modas. También puede ser que siempre quiera lo que no se lleve, lo que no toque, por aquello de ir a contracorriente.

Lo más curioso, cuando ya me teñía el pelo de rojo, es que años después de este mote estudiantil, una persona ajena a todo esto, en un trabajo puntual, se dedicó a ponernos motes a los compis del curro, y a mí me puso entre otros, Ranma, (otro fue Vickie el vikingo). Sé que lo puso por el color de pelo, pero de todos los pelirrojos y pelirrojas cogió Ranma. Y es que hay algo en mí que desprende esa mezcla de chica-zo, y ya digo que no entro en la categoría a simple vista, es cuando observas detenidamente.

En realidad todo esto me pasaba antes de ser seta. Siendo seta me encuentro más a gusto. Soy el fruto de los hongos, aunque en realidad he estudiado un poco sobre el mundo micológico y no es muy sencillo. Da para un post. Otro día.

Es verdad que Ranma me gustaba mucho porque los personajes se transformaban en otros seres cuando se mojaban con agua fría, pero Ranma Chan, Ranma Saotome, (no me queda claro la diferencia) no se convertía en gato (que los odiaba cosa que en eso no nos parecemos en nada) o en cerdito vietnamita (su enemigo Ryoga con el que me partía de risa) o en oso panda como le pasaba a su padre. Él se convertía en chica, en su género contrario, podía saber cómo se sentía una mujer al ser observada por un salido de mierda o cómo se sentía un hombre siendo retado a una lucha. Esa dualidad le hacía especial, y es lo que me ha llamado siempre la atención: poder ponerme en la piel del otro más otro de todos los otros, que es el otro del otro sexo (esto no es mío, es de Amezúa), y comprobar en mis carne qué se siente ser chico por fuera, cómo se comporta la gente, y qué le pasa a tu cuerpo cuando el pene se pone erecto sin tú provocarlo.

Así si un mote suele ser desagradable, en mi caso consciente o inconscientemente dieron en el clavo, por muchos sentidos que ya he expuesto.

Una última curiosidad, su nombre Ranma significa “caótico” que más no me puede pegar, y Saotome es “doncella veloz”, no, ahí no va mucho conmigo, si acaso en la metáfora de que las pillo al vuelo, pero poco más. (Sacado de la web: http://es.ranma.wikia.com/wiki/Ranma_Saotome)

Os dejo la sintonía del inicio, la cual también me trae recuerdos porque entre otras cosas, soy una friki y me compré varios DVD’s, y la bailaba con mi sobrina cuando ésta tenía 2 años y apenas levantaba un palmo del suelo. Ahora tiene 13 años, así que ha llovido.