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Relaciones

Vengo a hablar de algo bastante personal, pero no sé muy cómo empezar. He borrado la primera frase como unas 40 veces.

Soy una seta muy observadora, veo a la gente venir antes de que lleguen, sé por dónde van o caminan, de qué pie cojean y lo que piensan realmente aunque sus bocas digan lo contrario. No he estudiado libros de psicología para ello, sólo me he ido fijando y haciendo pruebas de ensayo-error. Porque una cosa que me gusta mucho es hacer experimentos sociales.

Siempre me di cuenta que solía caer mejor a los chicos que a las chicas. Nunca lo entendí muy bien. No soy nada sensual, no insinúo nada, no sé jugar a ligar, de hecho no me gusta nada lo del ligoteo. No tengo armas de seducción, soy bastante simple en ese aspecto. Cuando me gustaba un chico me lo callaba para mí, y si había una amiga que también le gustaba pues la dejaba que ella se acercara porque entre amigas no hay putadas, y para eso fui siempre muy leal. Y si me atrevía a dar el paso era yo quien lo daba. Siempre discerní entre amigos y posibles amantes, nunca lo mezclé, y quizá así me ha ido, que he tenido bastantes colegas pero casi ningún affair con ellos. Sé que lo lógico era liarte con los amigos precisamente porque estaban más a mano, pero yo siempre fui muy rara, prefería alguien que no conocía, porque no soy nada enamoradiza y siempre temía que se mezclaran los sentimientos, o que esos amigos se confundieran.

Es verdad que una persona cree conocerse o se conoce pero si los demás no te dicen cómo te ven nunca vas a saber la imagen que das. Yo nunca pregunté a nadie cómo me veían, pero a veces la gente me daba una devolución de mí. Tuve amigas que me dijeron que querían ser como yo, porque he sido muy independiente, porque he tenido las cosas claras, porque hago lo que me apetece, porque no rindo cuentas a nadie. O eso es lo que me dijeron. Y los chicos me veían como una más, una tía con la que se podía hablar, un poco diferente al resto. Pero a medida que vas creciendo te das cuenta de una cosa, los supuestos amigos que creías tener en realidad ellos me veían como una posible vagina a la que follar. Me explico. De todas las cosas que tengo, una de ellas es la ingenuidad. Yo me creo las buenas intenciones de los demás porque si yo actúo de tal manera entiendo que los demás son igual. Craso error. Aprendí que los tíos no quieren ser amigos de chicas, ya tienen sus amigos chicos. Lo que hacen es tener un círculo de posibles follamigas para engordar su agenda. Y cuando ven que no hay más intención por mi parte que una simple amistad muchos decidieron apartarme un poco porque no eran correspondidos.

Así que mis dotes de observación fallan casi siempre en lo referente a la erótica, al deseo y las señales que me envían, porque literalmente estoy en la parra, y necesito que si hay intención de algo se me diga directamente; con insinuaciones como que no lo pillo, soy muy azul en ese sentido, qué le vamos a hacer.

A medida que he ido madurando, me di cuenta que o caía bien desde el principio, (raras veces), o caía fatal. Siempre los extremos. A los que caía bien normalmente era porque entendían mi peculiar forma de ser, captaban mis ironías, mis sarcasmos, mi juego constante, mi sentido del humor a veces rozando lo negro. A los que caía mal y no querían saber nada de mí pues hasta luego, porque generalmente no volvieron a estar cerca. Pero hay un subgrupo de gente que caí mal al principio y luego se pasaron a los que me comprendieron. A mí todo esto me parece muy curioso, porque soy la misma seta esté donde esté, digo las mismas cosas que pienso a todo el mundo, por lo que quizá es que no me sé explicar muy bien, o doy a entender cosas que no son. O cada uno entiende lo que quiere, que también.

Pero lo que más gracia me ha hecho siempre ha sido caer mal a las novias de mis amigos per sé. Sin motivos. Mi pareja dice que es porque me veían como a un enemigo, porque ellos querían hablar conmigo y eso las molestaba a ellas; joder se puede hablar conmigo seas del sexo que seas!! Pero nada, que no hay manera. Y ellas, las malas de verdad, hicieron que ellos se alejaran de mí metiendo mierda. Y las menos malas, las tontas, no hicieron nada, fueron ellos los que decidieron apartarse de mí por no saber gestionar con su pareja que yo era una simple amiga, que no había nada más por nuestras partes (del amigo y mía), pero debe ser que en realidad era mentira y ellos me la querían meter igualmente aunque sus bocas dijeran que no.

Tengo que reconocer que ha habido un cambio de actitud en mí los dos o tres últimos años hasta ahora. Dentro de que soy independiente, valoro la amistad por encima de muchas cosas. Por lo que he tirado de mucha gente para verles, para saber de ellos, yo era la que preguntaba, la que escribía, la que tiraba del carro como se suele decir. Pero un día dije que ya no más. Que quien quisiera saber de mí pues que me buscara. Y eso unido a que cometo sincericidio en muchas ocasiones, que no soy muy tonta y que las injusticias las digo a quien sea sin entrar a valorar si se debe o no, pues me he encontrado que la gente ya no me reclama tanto, porque a nadie le gusta oír una verdad y menos dicha por mí. Sí, porque también he observado que si yo digo algo, como que a los demás les cuesta aceptarlo, pero si dice lo mismo otra persona entonces sí que le escuchan, le aplauden, o le dan razón. Debe ser muy duro darme la razón en algo, o no sé.

Ahora ando un poco despistada de la gente y no sé qué apariencia doy. He creado un personaje en las redes sociales, que critica mucho las injusticias sociales, que se mete con quien sea, que lleva ese humor al extremo, que dice verdades como puños, que argumenta cada cosa, que defiende al que todo el mundo ataca, y que le gusta llevar la contraria solo por joder un poco y jugar. Y eso creo que no gusta mucho. Porque a la gente le gusta que cuentes lo maravillosa que es tu vida, que cuelgues fotos de los rincones que has visitado, que digas que ser madre es lo mejor del universo, que hables lo justo de política, y si puede ser que estés siempre en la corriente de pensamiento de ese círculo. Y entonces cuando se creen más al personaje que a la de verdad, es cuando me llevo el chasco, y me doy cuenta que no me conocen nada, que se han quedado con lo superficial, que creen que soy así en mi día a día, que parece mentira con la gente que me conoce desde hace tantos años no sepan diferenciar mis coñas de cuando hablo en serio. Es triste todo, porque me dan pena pensando en que al final es más fácil que la gente se crea una mentira repetida 3 veces, que una verdad.

También he visto que la gente está como a la espera de que meta la pata para echármelo en cara. Como para darme zascas y sentirse mejor consigo mismo. Es un poco patético. Y lo peor es la envidia claro. Yo soy tan sincera y transparente que si me alegro de algo es porque me alegro de verdad. Pero la gente no es así. Si me va mal y lo expreso, doy pena y los que tienen algo de empatía me desean que me vaya mejor, pero por dentro muchos y muchas están con la sonrisa puesta. Si me va bien muy pocos se alegran. Por ejemplo en mi familia parece que si me va bien o consigo algún logro es como que me tocaba eso, es lo que se espera de mí, por tanto no hay compensación, no hay mensaje positivo.

Tengo una relación con mi pareja desde hace muchos años y la gente parece que no nos acaba de entender. Somos dos mandarinas, con nuestras parcelas bien diferenciadas, podemos hacer cosas juntos pero también por separado; intentamos mantener cada uno a nuestro círculo de amistades; no somos dos en uno, somos dos individuos con cosas en común. Ni siquiera compartimos casa porque la convivencia fue muy dura. Pero la gente eso lo ve raro, porque no es lo que esperan. Porque tienen metido en la cabeza el amor romántico de hacer todo juntos. El grupo de amigos de mi pareja le dicen que tiene suerte de tener una novia como yo. Yo alucino. No es suerte que seamos así. No es suerte que nos hayamos encontrado. Es una cuestión de gestionar los tiempos, de confiar cada uno en el otro, de dar libertad y de hablar cuando hay que hacerlo.

Mi pareja no se cree que cuando digo que me da igual lo que piense la gente es de verdad. Sé que llevo un rato hablando de eso, pero no porque yo lo pase mal, solo lo comento porque todo esto del saber estar, de la hipocresía, de callar a tiempo, del comportamiento humano, me hace gracia y me resulta curioso. Mucho. Lo único que me preocupa de todo esto no es lo que piensen de mí, o cómo me vean. Lo que me preocupa es no encontrar a más gente como yo, que deje libertad, que confíe en los demás, que no esté siempre juzgando, que no esté a la defensiva, que intente ver el lado bueno de las cosas, que no malmeta con comentarios que no sirven de nada. Que cuando se echen pareja no dejen la amistad aparcada, hasta volver a estar solxs. Que digan lo que piensan, que opinen sin miedo a equivocarse, que agradezcan los detalles, que sepan reconocer sus errores. No conozco a nadie así. A nadie. Y no soy un bicho raro, sé que están ahí. Pero no los he encontrado todavía.

Mi pareja dice que es necesaria la falsedad para conservar amigos. Yo no lo creo para nada, de hecho cada día la odio más. Que si eres muy sincero te quedas solo. Pues qué triste, creer que hay confianza cuando no la hay. Tengo el honor y puedo presumir que de toda la gente que he conocido en estos años, que ha sido mucha, si ha habido una separación entre nosotros, el 90% fue por decisión de ellos. Quiero decir, a veces dejas de saber de alguien porque las cosas pasan sin más. Vale, eso no lo cuento. Me refiero a gente conscientemente que no quiere saber de otra persona. En mi caso es por lo que dije que de las tías me odian sin conocerme, porque los tíos no saben gestionar con sus parejas la amistad que tenemos, porque los que decían que eran amigos se enfadan por cosas que demuestran que entonces no eran tan amigos, y luego los que yo aparto es porque me doy cuenta que su personalidad no va nada conmigo y como no me gustan las falsedades los prefiero lejos. Ah sí, hay un pequeño grupo de gente que he “eliminado” de mi lado porque sentí cierta traición por su parte aunque casi siempre son malentendidos, y si quieren solucionarlo yo siempre estoy dispuesta a hablarlo. De hecho me ha pasado recientemente con gente que no supe muy bien por qué nos alejamos y yo he sido la que ha dado el paso de la negociación.

Y no sé si queda muy egocéntrico todo esto, puede que sí. Porque yo en el fondo acepto que cada unx sea como sea. Pero entonces si yo acepto, por qué no me aceptan a mí? por qué ese intentar cambiarme? o que cambie la gente a su juicio? Me gustan las personas auténticas, que hagan la vida fácil, me he cansado del postureo y de que me vendan la moto. Veremos en unos años qué pasa.  A lo mejor estoy sola del todo. A lo mejor he tenido que volver a la falsedad para conservarles. O a lo mejor encontré a los auténticos.

 

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Tengo más celulitis que hace un año, la báscula ha alcanzado cifras que nunca antes vi, mis ojos han perdido visión, mis oídos audición, mi cara parece haberse traslado a la adolescencia con la vuelta del acné, mi humor se ha tornado más agrio, la ironía que me caracterizaba se está volviendo pequeña porque la sinceridad se está abriendo hueco.  Tengo menos tolerancia y menos paciencia, a veces creo que padezco rasgos de un Asperger.

Pero por mucho que los años vayan pesando, por mucho que los cuerpos y las mentes no son los que eran hace 7, 8 o 12 años, hay cosas que nunca cambian, que se mantienen, como es la gente que te quiere, que  te aprecia, que te recuerda, que le apetece seguir sabiendo de ti, que se interesa por tu vida, que se preocupa por cómo te van las cosas.

Y sentirte querida, sentirte bien rodeada, sentir que tienes una almohada gigante, donde sus plumas abarcan zonas desde el barrio, pasando por Alcorcón, Leganés, Aravaca, Centro, Coslada, Torrejón, Cuenca, Guadalajara  incluso tocando el mar de Valencia, hace que te invada un sentimiento de gratitud inmenso, hace que pienses ¿por qué? con lo liada que estoy siempre, con lo dejada que soy con el teléfono, con lo perdida que puedo estar de todo y todos. 

Y si lo pienso bien, son muchos años compartidos: 14 con unos, la friolera de 19 con otras, 9 con las más recientes, y esos años han ido creando capas y capas de acontecimientos, de momentos para el recuerdo, de situaciones que siempre estarán ahí: la vaquilla del pueblo, los pañuelos de las Piratas, el cambio de peña en peña, días enteros en el barrio, chistes de amigos contados mientras hacíamos eso que un día llamábamos Botellón, fumadas inmensas en el césped de la uni, pellas en el abuelo, pellas en Húmera, noches de fiesta en el Montgó, noches de fiesta en Moncloa, noches de conciertos en el PCE, vomitonas etílicas por pueblos cercanos, recorrer calles de Madrid a 2 grados de temperatura para que se pasara el ‘pedo’, viajes a Cádiz, viajes a Barcelona, viajes a Gandía, días de fútbol en los bares, días de fútbol en los polideportivos, noches de lluvias de estrellas, noches de nervios por el qué pasará, si pasará, si no querrá, si yo, si tú, días de resaca solventada por los famosos  fotellines, días de setas en Soto, días de setas en Bilbao, días de setas en la nave, visitas inesperadas de Rámiror a las 8 de la mañana, disfraces en Halloween, disfraces en Carnavales,  bodas, bautizos, Cercedilla, Coslada, pueblos de amigos, sangrías caseras, besos robados, proyectos futuros, porros compartidos, risas de todos los tamaños, de todas las formas y de todos los colores, noches de pollos con pinchos morunos y patatas, exámenes compartidos, mañanas en clase imaginando artículos de una Constitución inventada, y miles de millones de ratos más.

Por todos esos momentos, solo queda agradecer, agradeceros, haber estado ahí, haberlos compartido conmigo, haberme dejado participar, haber contado con mi presencia. Y por supuesto, seguir aumentándolos día a día, mes a mes, hasta el infinito y más allá.