relatos

hablan mis tripas

A ti quiero decirte que marcharte sin despedirte fue un acto cobarde. Que nunca voy a llegar a comprender. Que no entiendo por qué sigues viendo mis fotos e incluso dando a me gusta a alguna. Eres un crío y te quise tratar como el adulto que me pareció ver. Error mío por dejarme llevar y querer ser tu amiga.

A ti quiero decirte que me encanta estar a tu lado, cómo me tratas y cómo me miras. Que me gusta la sensualidad que emana de tu piel. Que me gusta ser tu objeto sexuado, que siento un placer como nadie me ha sabido dar. Pero quizá esperaba más tacto de tu parte, o un simple ¿estás bien? Después de abrirme en canal y contarte mi pasado más oscuro. Con que me hubieras preguntado si estaba más animada me habría valido e incluso te habría mentido y te habría dicho que estaba bien. Error mío por creer que me tratabas también como sujeto, cuando en realidad sólo soy un objeto al que mostrar tu arsenal de ars amandi. Error mío, de nuevo, por esperar a que un tío se comporte como un cuidador.

A ti me gustaría decirte que me has calado más hondo que ninguno. Que te hecho de menos, que me encantaban nuestras conversaciones absurdas, que me gustaba que me trataras como objeto, pero que además intentabas tratarme como sujeto. Y que eso lo valoro. Que me ponía nerviosa tu forma de mirarme, pero nerviosa en plan excitada. Pero también me gustaría decirte que justo cuando te he necesitado me has faltado. Que quizá ha coincidido con tus rayadas mentales, con querer estar tranquilo y a tu bola. Que quizá estabas sintiendo cosas que no querías, o que a lo mejor me estabas viendo venir y te daba miedo rechazarme porque es jodido decirle a alguien que no te gusta como quiere que le gustes. Que si no te expresas no puedo saber lo que sientes, ni lo que piensas. Que estoy cansada de teorizar y de tratar de adivinar. Que necesito un puto abrazo tuyo y no sé muy bien por qué, si hasta hace un par de meses eras insignificante para mí. El magnetismo que emanas me ha hecho florecer en cierta manera por creer que era especial. No he sido consciente hasta hace una semana que no me tratabas de manera especial porque yo te gustaba más, sino porque los tíos majos tratan así a las tías, pero yo no estoy acostumbrada a que me traten bien o a que me hagan favores sin pedir nada a cambio. Error mío por dejarme llevar más de lo que debía, por creer que podríamos ser amigos, por pensar que había una parte de ti que se sentía atraído por mí. Te voy a echar de menos cabrón.

Y a ti. A ti tengo tantas cosas que decirte. Tengo tanta mierda que soltar. No sé por dónde empezar. ¿Por los insultos? ¿Por las amenazas? ¿Por intentar pegarme? ¿Por cogerme del cuello aquella vez, la cual gracias a mi mente, había borrado de mi cabeza pero que por mi necesidad de escribir lo que siento, sobre todo cuando estoy mal, he vuelto a releer y ha salido todo? ¿Por sentir que me violaste en la boda de mi amiga? ¿Por todas las veces que me has hecho sentir miedo de tus reacciones violentas? ¿Por la cantidad de noches que me he ido a dormir llorando porque no entendía nada? ¿Por haberte liado con tu amiga y no haber tenido los huevos de contarme las cosas desde el principio? ¿Por querer que yo olvide todo lo que nos pasó y empezar de nuevo cuando te di aquella oportunidad y sin embargo tú me has echado en cara continuamente mis errores?

Contigo necesito desahogarme más. Vamos a ir punto por punto. Sé que nunca te llegará todo esto. Pero necesito que aunque sea de forma anónima alguien lea toda la mierda que me tragué en los casi 12 putos años de relación que tuvimos.

Empezamos mal. Al principio cuando follábamos y terminabas te dabas la vuelta, ni me tocabas. Yo estaba muy enamorada y esos gestos me dolían. He llorado tantas veces en silencio, a tu lado, mientras dormías… y nunca lo sabrás. Luego vinieron los insultos. Tu forma de despreciarme delante de tus amigos. Montarme pollos delante de tus padres. Me has hecho sentir pequeña tantas veces que me lo creí. Y yo que te quería como nunca he querido a nadie, lo dejaba pasar cuando volvías a sonreírme o a decirme alguna gilipollez. Me insultabas diciendo que era tonta, que las mujeres somos malas, me llamabas putilla según tú de forma cariñosa. No comprendo cómo no te paré los pies antes. Bueno, sí recuerdo que te comentaba que había cosas que no me gustaban, y que no estaba bien tratarme así. Pero eras experto en darle la vuelta a la tortilla, en hacerme creer que todo era culpa mía, y que tú reaccionabas así por mi forma de ser y de actuar contigo. Causa-efecto lo llamabas.

Hubo un tiempo que fue estable. Nos queríamos, nos respetábamos, nos valorábamos. Pero ese tiempo duró muy poco, poco en relación a todo lo que vino después. Creo, por lo que he leído de mis cuadernos y he podido analizar, que el cambio fue cuando yo ya dejé de desvivirme por ti y empecé a valorarme un poco. Ya no me callaba ciertas actitudes tuyas, y respondía de la misma manera que tú me hablabas. Error mío por convertirme en alguien como tú, en un ser despreciable que hacía tanto daño sólo con palabras. Es impresionante como puede minar la mente de una persona un conjunto de letras, más que un golpe. Pero sí, me crecí un poco, no mucho, y eso no te gustó. Y ya no me veías como la niña sumisa que fui en un principio. Y ahora luchabas constantemente por apagarme para así poder brillar tú.

Fue entonces cuando llegaron los malos tratos psicológicos. Los enfadarte por gilipolleces, los montarme pollos por cada cosa que hacía o decía y a ti te descuadraba. Que sí, que nunca voy a decir que yo era la buena de la relación, quizá tonta al principio, pero no una santa. Y ya sé que también te he sacado de quicio y he creado malos rollos, pero cuando estábamos serenos y hablábamos te decía constantemente que así no podíamos seguir, que era imposible que esto acabara bien. Y tú que nada, que el problema era mío, que yo estaba loca y necesitaba ir al psicólogo.

Se juntó con varias decepciones que tuve, una de ellas que me prohibieras escribir. Bueno, matizo. No me dejabas escribir relatos donde tú te veías reflejado porque pensabas que la gente iba a adivinar que eras tú, y a la gente no le importa cómo yo me sienta respecto a ti. Yo tengo una forma de escribir que normalmente la gente no sabe muy bien de qué hablo, a veces suelto cosas pero puede tener muchos significados. Y sí, la mayoría de mis relatos son de la gente que me rodea, pero a veces uno puede ser un poco egocéntrico y creer que eso que lee habla de sí mismo. Y no, a veces podía referirme a personas que ni conocías. Y otras veces matizaba el dolor o lo que me hacía mal contando cuentos, cuentos de vidas que vivían otras personas. Lo pasé mal, al principio, porque me sentía cohibida, y yo leía los relatos intentando ser otra persona para ver si adivinaba algo. Me hiciste dudar tanto que se lo pregunté a dos personas: una, mi amiga H. la cual escribe, y muy bonito por cierto, y la otra fue a Simpulso, Daniel Díaz. A ambos les mandé un relato donde hablaba de ti, y ambos me dijeron que no podrían saber que me refería a mi pareja, que podría ser cualquier ser querido o cercano. O que podría estar hablando de cosas que han vivido otras personas. Lo que me gustó de aquello es que me escribí varios emails con Simpulso, le seguía de hace tiempo y me pareció cercano.

Así que me fui, cogí la maleta y me llevé mis dedos a donde podían volar. Y aquí he podido sentirme un poco más libre, donde he podido expresarme sin ser juzgada. Porque eso es lo que has hecho siempre, tú y mucha gente, juzgarme constantemente por mis errores, echármelos en cara una y otra vez. No dar pie a que pueda cambiar o rectificar. Pero no me importó, aquí en este bosque me siento a gusto. Soy una seta solitaria, donde de vez en cuando puedo hablar con alguien, pero sobre todo donde nadie me hace daño.

Otra decepción fue porque me faltaste en momentos importantes. Como no venir a rescatarme al pueblo cuando estalló todo lo de mi hermano, cuando tanto te necesité, y tu alegaste que estabas constipado y no querías ir. Me dejaste tirada en uno de los momentos más jodidos de mi vida. Mi hermano estuvo a punto de tirar a mi hermana por la escalera, se le fue la olla y casi me pega a mí. Tuve que llamar a la guardia civil para que vinieran a tranquilizarle, pero me dijeron que si iba le tenía que denunciar, y me dio pena. Y no apareciste, por tus santos cojones te pusiste tú antes que a mí. Puto egoísta de mierda.

Tampoco estuviste en la fiesta sorpresa que me hicieron mis amigos. Estaban todos menos tú. Faltaste porque antepusiste el que no te gusta demasiado ir a Madrid (pero para quedar con los de la uni nunca te dio pereza) a acompañarme ese día tan especial. Especial porque yo no tenía ganas de celebrar nada y mis amigos me dieron una grata alegría.

Tampoco estuviste una vez que necesité un gran favor tuyo. Como te daba pereza venir a verme a mi pueblo, yo iba casi siempre al tuyo para poder verte, así de idiota soy. Menos mal que esto me reconociste que no estuvo bien, pero lo reconociste tarde. Como tarde llegaron muchas cosas. El favor que necesitaba es que una noche de domingo estuvimos en un bar que solíamos ir, y me dejé el móvil. Yo ya estaba en casa cuando me di cuenta. Eran las 00.00 de la noche. Te llamé desde el móvil de mi padre, te pedí que te acercaras al coche por si estaba allí. Refunfuñando accediste a bajar, cuidado que ibas a bajar dos metros. Dijiste que allí no estaba. Te pedí que te acercaras al bar que tardabas 5 min. Me dijiste “Paso, ves tú mañana” “Pero mañana es lunes y cierran, ¿no puedes acercarte un momento?” “No, que tengo que irme ya a casa” Bueno no sé qué excusa me diste. Pero otra vez me dejaste tirada. Me cogí el metro, y me fui a tu puto pueblo al bar a por el móvil. Mi padre flipaba, me dijo que si me acompañaba. Por supuesto no le dejé. Creo que nunca le gustaste, nunca soportó que me dejaras venir sola en metro cada noche, teniendo tú coche. Pero a partir de esa noche le caíste un poco peor, aunque él no me lo dijo. Esas cosas se notan.

Y como colofón, te enfadaste mucho conmigo a 20 días de la boda de mi mejor amigo y me dijiste que no ibas. Boda a la que te iba a obligar a ir porque no era un cualquiera. Te vino de puta madre aquella discusión. Desapareciste 15 días, te fuiste al pueblo a ponerte ciego. Yo un tiempo antes ya había tomado la decisión de dejarte, pero aquello me lo puso fácil. Cómo fácil me lo has puesto desde aquél día de julio. Ya me daba igual tu presencia o que me acompañaras en momentos clave. Ya no soportaba más luchar por alguien que sólo cuando estabas triste me decías lo importante que yo era para ti, lo mucho que me querías. Y en mi cabeza siempre resonaba lo mismo: no me quieras tanto, quiéreme mejor. Lo más increíble de todo, es que el lunes me escribiste como si nada, que a ver si íbamos al pantano que hacía mucho calor. Yo me reía tanto. Sabías que estaba mal contigo desde hacía tiempo, esa semana de antes te dije de quedar para hablar y no quisiste, y luego cuando me dices de venir yo pienso que mejor no ir rayada a las bodas de mis amigos. Mejor dejarte después. Sí, pensé en mí.

Esto no lo sabes, igual que quizá nunca sepas todo esto que estoy vomitando, pero quiero decirte que el día que le dije a mis padres que habíamos terminado, no hicieron una fiesta, pero el comentario de mi padre fue: bueno hija, las cosas a veces son así. Y seguimos comiendo como si nada. Creo que ese día le hice feliz.

Cuando digo que fueron malos tratos psicológicos me refiero a insultos a diario, llamarme loca cada día, decirme que necesitaba ir a un psicólogo. Yo te admitía que a lo mejor no estaba bien. Pero que quizá tú también necesitabas ir. Y tú siempre alegabas lo mismo, que era yo la que estaba mal. La que estaba como una puta cabra, la que te hacía la vida imposible.

A continuación una pincelada de las cosas tan bonitas que salían por tu boca

Mi novio dice:
que soy muy pesada porque siempre intento hablarlo todo.
que estoy gorda, que ya no le pongo.
a veces que soy una “putilla” según él, de forma cariñosa.
que no hay dios que me aguante.
que está conmigo porque es tímido y no puede estar con otra.
que no hago planes con él, que prefiero estar con cualquiera.
que estoy loca, todos los días, últimamente varias veces al día.
que la gente ve que estoy fatal, que todo el mundo pensará como él.
que no hay nadie que me pueda dar la razón.
que tengo la culpa de todo lo malo que le pasa a él
que si discutimos es porque yo le saco de quicio
que estoy amargada y como consecuencia le amargo a él.
que soy una egoísta porque voy a mi bola y no pienso en él y hay que hacer lo que yo diga.
que soy una mentirosa
que soy una controladora
que soy mala persona
que no tengo empatía
que no quiere estar con mi familia porque no le apetece
que se la sudan mis problemas
que no puede hacer planes conmigo porque se le quitan las ganas.
que todos los tíos querrían mantener relaciones sexuales conmigo.
que soy una puta celosa de mierda.
que todas las tías somos malas, y yo la que más.
que la culpa de que no nos vayamos de nuestras casas para vivir juntos es mía porque gano poco dinero, que me tengo que poner a currar en otra cosa o en dos trabajos. que no me piensa mantener.
que me invita a un hotel porque quiere estar conmigo, pero luego me echa en cara que se gasta los duros en mí y se lo pago montándole pollos.

cuando hablamos del tema de irnos a vivir juntos dice que tiene que ser en el municipio donde él vive porque sino se va a gastar mucho en gasolina, que yo me puedo joder y madrugar más, pero que es una locura irnos donde a mi me venga bien solo para que yo tarde menos si eso implica que él gaste más. Dice que allí están sus amigos, y su familia, y que le gusta su ciudad. Que cualquiera vería que esa es la opción más lógica.
cuando estamos enfadados y quiere sexo intenta aplacar la situación para que exista coito, después se vuelve a enfadar o pasa de mi.

Y por qué recuerdo todo esto? No, mi memoria nunca ha sido lo más destacable de mí. Es que hubo un momento que ya no podía más, y tuve que exponer todo esto en un foro para ver si era yo la que estaba loca o tú debías tomar parte en querer tratar tu ira.

Y no, no le conté a mis amigos casi nada de todo esto porque me daba vergüenza reconocer que quizá era una mujer maltratada, porque además mi carrera me había dado supuestamente herramientas para que esto no me pasara, y porque con los casos que yo conocía tan heavies a mí esto me parecía riñas de un chico infantilizado. No sé si lo justifiqué, o quise mirar para otro lado. Pero es jodido ver como la persona que más quieres en el mundo te tortura de esa forma tan dañina. Algún día contaré lo que me respondieron todas aquellas personas anónimas.

Sí, yo también te falté al respeto. Yo también te insultaba, cuando me enfadaba te llamaba borracho porque creía que tenías un problema con el alcohol, y reconozco que esas no son maneras de ayudar. No entiendo que una persona joven beba 2 litros de cerveza diarios. Pero cuando estaba de buenas intentaba hacerte ver que aquello no era normal, que podías contar conmigo. Que ya habías visto lo que le había pasado a mi hermano… Y como esos comentarios en lugar de tomarlos como un apoyo de mí hacia ti, te los tomabas muy a la tremenda, me decías que el mismo problema que tenías tú con el alcohol lo tenía yo con los bollos, “Que cada día estás más gorda, ¿o es que no lo ves? Vas a tener que pagar por follar. Quién va a querer arrimarse a ti. No hay dios que te aguante”

Y sí, entré en una espiral de ansiedad con la comida, y engordé paulatinamente hasta llegar a un peso en el que yo no me sentía a gusto con mi cuerpo. Iba a yoga e intentaba cuidarme, pero mientras vivimos juntos comíamos en general mal, comida basura, y yo reconozco que tengo un problema con el dulce y si estoy en épocas chungas no puedo parar de comerlos.

Pero mira, capullo, no sólo me he quitado 10 kilos de encima, me he quitado tus putos 80 kilos de mierda sobre mí. Y si supieras que no es que no pagué por follar, es que he gustado a tantos tíos que ni yo misma me lo estoy creyendo. No sabes la sensación que es salir a la calle y que la gente me mire, o me echen un piropo, o que vengan a hablar porque quieren conocerme.

Imagina mi situación, tomar una decisión tan, tan dura para mí como dejarte. Meditada, hablada con la almohada, escrita, le he dado tantas vueltas, viendo si me quedaba algo de amor hacia ti. Al final, cogí impulso y me sinceré conmigo misma. Ya ni te odiaba por todo lo que habíamos pasado, porque mi cerebro olvidó la mayor parte del sufrimiento para no volverme loca del todo. (Un poco loca estoy porque joder cómo coño hice para aguantar todo lo que aguanté). Te dije un lunes que se acabó, que ya no te quería, que ya no me sentía bien contigo. También te reconozco ahora, que como ya no había deseo ni por tu lado ni por el mío, y que las pocas veces que lo hacíamos me daba asco, porque llegaron a darme asco tus besos, que fue cuando ahí mi cabeza hizo clic, que sepas que algo en mí despertó de nuevo, pero ya no era a ti a quien me quería follar, quería probar otros chicos, el cuerpo me pedía alimentarme de otras pieles que no fueran la tuya. Pues eso, que te dejé un lunes, y el viernes, a cientos de km de Madrid, en un rincón perdido del norte, verde y bonito como él sólo, conocí de la forma más tonta a un chico que a mi juicio era demasiado guapo para mí (yo ahí pesaba lo mismo que cuando te dejé 5 días antes), y no sólo quiso hablar conmigo, es que me besó porque le gusté! Yo estaba flipando, mi cabeza no paraba de reír.

Respecto a los encuentros eróticos podría hablar horas. Básicamente yo era la activa y tú el pasivo. Yo soy más azul que tú en ese aspecto. Lo asumí desde el principio. En innumerables ocasiones he intentado dar frescor a la relación por aquello de no entrar en la monotonía, joder será por imaginación a mí, no me jodas. Hubo un patrón que se empezó a dar hacia los últimos años. Sólo follábamos cuando tú tenías ganas. Porque si no las tenías creías que no se te iba a levantar, claro, porque sólo podemos usar la penetración… Así que yo te reclamaba, y tú que no te apetecía, y yo volvía a reclamarte, y tú que en otro momento… Hasta que me harté de hacerlo, ya me daba igual, me masturbaba pensando en un montón de gente (amigos tuyos quizás), en mis fantasías, y con eso sobrevivía. Pero tenía un problema, que como me gusta mucho follar, siempre que tú querías te decía que sí, y ahí tenía yo una lucha interna conmigo misma por sentirme idiota y no saber decirte que no. Otro patrón que se repetía era que estábamos enfadados un rato por cualquier idiotez, y luego cuando querías meterla en caliente me dabas mimos, te volvías cercano, vamos que preparabas el terreno, y yo ahí caía cual mosca a la miel. Pero después del acto en sí, volvías a enfadarte o a sacar alguna mierda. Y yo que analizaba ese comportamiento me dije a mí misma que ya estaba bien.

Alguna vez he intentado negarme, pero siempre me convences, ese no es problema tuyo, es mío, que no sé decir que no a lo que me gusta mucho. Pero en la boda de mi amiga, que iba yo como las Grecas, subí incluso de las primeras a dormir porque no me tenía ni en pie. Y tú que estabas cachondo perdido me dijiste que querías guerra. Te dije varias veces que no, insististe mucho, yo no podía casi articular palabra de la borrachez. Pero me desnudaste, y me follaste como un perro a una perra cualquiera que pasa por su lado. Terminaste, te metiste en la cama y te dormiste. Recuerdo que fui a la ducha, necesitaba quitarme tu olor de mí, tu semen, tu piel, lloré en bajito mientras caía el agua, no sabía por qué había accedido a dejarte hacer eso, cuando yo realmente no quería, no sabía cómo cojones lo hacías, que al final te salías con la tuya. No sé si me sentí violada, de hecho tampoco lo veo así, pero sí me sentí despreciada, y un ser despreciable. Sentí que me daba asco a mí misma. Puto sentimiento de culpabilidad colega, toda la vida igual, no sé si por mi educación en la infancia católica, no sé si por intentar ser buena persona. Pero me cago en todo ya con la culpa de las narices.

Como me hiciste sentir tan pequeña tantas veces, y creerme que no podría gustarle a nadie, me sentía más tímida que nunca, así que yo a partir del momento en que me liberé de ti lo único que iba  a hacer era observar, ver cómo se comportaban los chicos conmigo. Y no sólo me quiso besar un chico ese viernes de festival, y me besó pero bien, es que al día siguiente fue otro el que lo hizo! Yo decía constantemente que no podía ser, con lo gorda que estaba, con lo feita que me veía. Pensé que pudo ser efecto de todo aquello que vivimos. Pero es que el verano siguió, y han pasado tantos chicos por mis labios (no matizaré si los de arriba o los de abajo), que sentí que era una pequeña planta, diminuta, en un tiesto enorme, y que con el calor del sol fui creciendo y floreciendo. Y cuanto más me gustaba mi reflejo en el espejo, más chicos se interesaban por mí. Incluso alguna chica me llegó a lanzar la caña.

No, no todo en esos años fue horrible, no todo fue dolor y lágrimas de sufrimiento. Cuando estabas de buenas eras el mejor amigo que pude tener. Cuando se notaba que me querías me sentía plena y feliz. Nos hemos reído tanto, hemos tenido tantas conversaciones agradables. Hemos vivido tantas anécdotas… Tengo un montón de recuerdos bonitos a tu lado, eso nunca lo negaré. Éramos la pareja que todo el mundo vio que seríamos cuando éramos pequeños. He pasado tanto a tu lado, no te haces una idea de lo que te he querido. De lo que he intentado luchar por la relación, he puesto mi alma, mis entrañas, mis vísceras, mi corazón. Aposté todo al rojo, porque te quería joder, te quería desde adolescentes. Pero no fuiste el chico del que me enamoré, al que idealicé (error mío), y sí, intenté cambiarte para que fueras otra vez el chico sonriente que creía en sí mismo, que tenía perspectivas de futuro. Pero al final te acepté, acepté tus rarezas, tus levantarte de mal humor todas las putas mañanas, tus enfados por no tener omeprazol en casa y echarme la culpa. Un día que me echaste en cara que no había comprado tus pastillas nos volvimos a enfadar, como casi todos los días de aquella puta convivencia de mierda. Yo en un ataque de rabia te dije que te podría salir una úlcera para que al menos tuvieras un motivo real para tomarlo (nunca entenderé cómo una persona se puede automedicar 20 años de su vida) y sí, estuvo mal ese comentario. Como muchos que te hacía. Pero tú me deseaste que ojalá me muriese, y eso me llegó al estómago.

En esos meses que vivimos en tu pueblo, donde dormíamos separados, donde cada noche me acostaba llorando porque no sabía si dejarte o no, yo siempre me hacía la misma pregunta ¿por qué no me acepta cómo soy? ¿por qué esa lucha por querer cambiarme constantemente, a hacerme a su imagen? ¿qué te creías, dios?

Tuvimos episodios de violencia durante la última mitad de nuestra relación. Recuerdo el día que estábamos donde mis padres, donde entramos en bucle en una discusión, donde apenas recuerdo lo que nos decíamos, pero que de la rabia y la impotencia que sentía, te pegué un bofetón. Lo hice, recuerdo aquella expresión. Y tu comentario totalmente acertado, lo reconozco, “¿qué pasa si lo hago yo eh, qué pasa si soy yo el que te da un bofetón?” Lloré mucho, me fui a mi habitación porque me di tanto asco que no podía mirarte a la cara. Me arrepentí muchísimo de ese acto, tanto que no volví a hacerlo. Tanto que me sentí culpable en muchas ocasiones. Eso pasó más o menos en la mitad de los años que duramos.

Y leyendo todo lo que he escrito sobre nosotros, he visto como la ira de ambos fue creciendo exponencialmente. Y recuerdo que te decía que aquello no iba bien, que no podíamos seguir así, que debíamos hacer algo ambos para mejorarlo. Me daba asco a mí misma, tuve un tiempo que no quise estar con gente, no quería relacionarme con nadie, me quejaba por todo, la gente me parecía idiota. No sé si porque tú me habías pegado esa forma de ver la vida, o porque estaba tan abajo y tan hundida que en lugar de reconocer que tenía un problema y pedir ayuda, desprecié a los que me rodeaban porque me sentía un poco mejor así. No lo sé, sé que intenté cambiar, hacer ejercicio, meditaciones, respirar hondo antes de enfadarme. Pero mi mente me estaba dando señales de que tenía que irme de tu lado, y no le quería hacer caso, era como si le intentase tapar la boca. Pero yo no veía que tú pusieras de tu parte, con echarme la culpa SIEMPRE a mí de todo te bastaba. Con no asumir nunca los errores te iba bien. Con darle siempre la vuelta a la tortilla y hacerme creer que siempre que tú te enfadabas era porque yo te provocaba, vivías tan tranquilo. Vaya huevazos niño.

Olvidé muchas cosas, cosas que tengo escritas por miles de rincones, y que no me ha dado la vida todavía a leerlas, a organizarlas. Olvidé por el bien mío pero por el tuyo también. Olvidé porque era la única forma de seguir contigo. Un episodio que olvidé fue que un día, de esos que te enfadabas mucho conmigo según tú porque te sacaba de tus casillas, y donde yo acababa llorando y a ti eso te enervaba más todavía, me cogiste del cuello y me tiraste encima de la cama. No podía respirar, y cuando me soltaste yo lloraba más aún, con la rabia de no entender nada, de no saber por qué me tratabas tan mal. No recuerdo mucho más, mejor. No quiero saber cómo hice después para seguir como si nada.

Pero hay un día que nunca se me olvidará; fue aquél día de verano, donde hacía mucho calor, y tú me despertaste a las 6 de la mañana muy enfadado que no podías dormir por tener la puerta cerrada. La cerrábamos para que no entrase el gato. Gato que no te gustó que llevara  a casa porque tenías alergia. Yo te pedí que te hicieras pruebas para confirmarme que realmente era así, pero nunca fuiste. Era muy gracioso como una persona que no se cuidaba nada, que bebía y fumaba hasta decir basta, que no hacía deporte, (pero luego me echabas en cara que yo no iba al gimnasio), que se maltrataba el estómago a diario tomando una pastilla que ningún médico le había recetado, que te la soplaba morirte joven, que no se hacía análisis desde los 11 años por un miedo infantil a las agujas, que no sabía nada sobre su cuerpo, que se automedicaba constantemente, esa misma persona me echaba en cara que había metido un gato que le daba alergia y que parecía que yo lo que quería era matarte. Yo he visto personas con alergia y lo tuyo a su lado era de risa. Además luego pudimos corroborar mi teoría de que al acostumbrarte a sus pelos y saliva, te daba menos alergia cada día.

Pero yo estaba contando que esa mañana, que ya estabas calentito, me echaste en cara que tenías calor por mi puta culpa. Volvimos a dormir. A las 8 sonó mi despertador, varias veces, como hago siempre, porque sino me quedo dormida, y eso al señor también le molestaba, porque no era normal que una persona se pusiera un par de alarmas. Y que parecía que lo que quería era joderte. Esa queja la he sufrido constantemente, una de las razones por la que no dormíamos juntos. Había más, pero bueno que eso da igual. A mí no me molesta dormir entre semana separados. Me levanté y me vestí. Entonces en un descuido mío el gato entró en la habitación, y fue el remate de la mañana. Te levantaste y empezaste a gritarme, a insultarme, se empezó a liar aquello, y yo te decía de la forma más asertiva que podía, que me dejaras, que ya lo hablábamos luego, que tenía que irme a trabajar. Pero tú insististe, quisiste estirar de la cuerda, y yo empecé a no comprender nada de nuevo, y entonces estallaste literalmente en ira, rabia y furia. Yo ya estaba llorando y pidiéndote que te calmaras, nunca te había visto así. Jamás había visto tanta furia en mi vida. Yo no podía respirar, casi me cago encima. Y entonces hiciste algo que nunca imaginé que harías. Me levantaste el puño, y yo pensé que iba directo a mi cara, pero mi mente me decía que no podía ser, que no ibas a ser capaz. Y no, no eras tan tonto como para cagarla de esa forma. Le empezaste a pegar a la puerta, puerta que se rompió un poco, pero sobre todo lo que se rompieron fueron tus dedos. Yo me escondí en el baño, estaba histérica, lo que hubiese dado por desaparecer en ese mismo instante, no sabía si prefería morirme o simplemente evaporarme. Sé que te grité y que te insulté, eso había rebasado toda mi capacidad de creerte inacapaz de algunas cosas. Me fui a trabajar, no sé cómo pude. Estaba yo con el cuerpo que sólo quería meterme en un agujero y dormir mil años. Pero hay que hacer de tripas corazón, y el curro es el curro, y no me quedaban más cojones que ir a currar. Sé que esa noche no dormí en casa, pero no recuerdo dónde lo hice. No lo tengo apuntado en ningún sitio. Eso da igual. Fue de las cosas más feas y desagradables que viví contigo. Pero es que ahora leyendo todo aquello, encima quiero que sepas que escribí esto:

Esa noche no pude dormir en casa, y ahora le han dado la baja, y me temo que la convivencia va a ser horrible. Peor que hasta ahora. Pero me da pena, ayer cuando le vi, al principio saqué toda la mierda que había guardado, le dije de todo, le dije que los maltratadores no empiezan con un golpe, que van minando psicológicamente, y encima tiene el morro de decirme que eso se lo estoy haciendo yo a él. Por supuesto también me echó la culpa de haberse jodido la mano, no por dar el golpe en la puerta, sino por la consecuencia en sí de que yo le saqué de sus casillas.
El colmo, como dice mi tía. Yo no creo que ninguno llevemos razón, yo creo que ambos tenemos la culpa, y creo que sabemos que esto se ha terminado. Pero nos cuesta reconocerlo, y sobre todo a él le cuesta asumir una mínima parte de responsabilidad, que es lo que me mata el alma, lo que me ha decepcionado una y otra vez en estos casi 9 años. No soporto que todo lo que él haga sea consecuencia de mi comportamiento. No puedo creer que yo sea la única responsable ante sus ataques de ira. Vivo con un maltratador en potencia, y sí, lo admito, yo no soy una santa, sé que tengo mucho carácter, que no me callo, pero también tengo empatía y me apiado de su situación. Anoche le miraba el brazo y me puse a llorar porque en el fondo me da pena, porque se ha jodido el verano, porque le van a echar del curro, porque se me han quitado las ganas de prepararle la noche romántica que le dije que íbamos a tener, para ver si conseguíamos volver a como estábamos antes. Lloraba y lloraba, como llevo haciendo toda mi vida, es lo único que hago, llorar, que no sirve de nada. Llorar porque las cosas no son como quiero, porque la vida me da la espalda en los peores momentos, porque yo no quiero que cambie sino que admita cierta responsabilidad en nuestra relación, de las cosas que van mal sobretodo. Lloro porque me da pena que dos personas que se han querido desde niños, que sabían que acabarían juntos, que se han llevado tan bien, acaben como lo estamos haciendo por la falta de comunicación, de confianza y de asumir la culpa.
Y dejarle ahora me parece de cobarde, ahora que yo gano más, ahora que me va mejor laboralmente, ahora que se va a quedar en la calle, ahora que está lesionado. No me parece de buena persona. Aunque según él soy lo peor, soy la peor persona que conoce, soy lo más malo que hay en el mundo, así que debería darle la razón y dejarle tirado. Pero no me sale. No puedo. Y no sé qué hacer.

Todo esto que estoy haciendo, todo esto que llevo escribiendo horas, viene por leer ese relato. No por recordar aquello que viví, sino porque mientras lo leía dos lágrimas de rabia caían de mis ojos porque no daba crédito a leer todo eso, que me dabas pena! pena! pena de qué hijo de la gran puta? cómo podía estar tan jodidamente anulada. No sabes la rabia que siento de haber sido tan gilipollas. Tan sumamente condescendiente, de haber intentado entenderte, de haber intentado justificar cada puto acto de desprecio que has tenido hacia mí. Lloro mientras escribo estas líneas porque me siento estúpida, tonta, imbécil, cómo cojones aguanté eso y cómo cojones sentía pena por ti!

Eso es lo que más me ha revuelto de todo. No lo vivido, no lo sufrido, no lo llorado, no lo gritado. No el no entender ciertas cosas o comportamientos. Sino el sentir piedad por ti. Tan poco me quería, tan poco me valoraba, tan minada me sentía, y entonces me acordé de las mujeres más buenas que ha habido en mi familia, mi abuela y mi tía. Y lloraba porque sentía que había repetido todo ese sufrimiento que ellas llevaron en sus vidas. Y me acordaba de la historia que nos contaron en primero de carrera donde una trabajadora social había sido víctima de maltrato. Y en ese momento cuando supe de esa historia yo pensé que no podía ser. Que era imposible que una compañera de profesión sufriera todo eso sin ser consciente, sin parar los pies a su verdugo antes de llegar al extremo, si nos daban herramientas y nos enseñaban a ver los pasos, si es que es de libro joder! Pues sí, mira, la vida es así. Estudié el maltrato, las adicciones, estudié la psicología, las relaciones entre hombres y mujeres, la sexología, la demencia, y al final la vida me ha llevado a tener casos de todo eso que estudié a mi alrededor. Ahora que estoy con discapacidad vivo acojonada porque aunque no quiero hijos me da miedo que la vida me lleve a tener otro caso cerca para sentir en mi propia piel lo que significa. Pero eso es otra historia que aquí no viene a cuento.

Sí, llevo días con esa palabra en la cabeza, maltrato. No sé si me quiero reconocer como tal, quizá un poco sí, pero también sé que yo no me porté bien siempre ni fui tan buena como fueron mi tía y mi abuela. Tuve culpa en muchas ocasiones y fui mezquina en muchas otras también. Me da lo mismo si la gente me ve como mujer maltratada o no, yo mientras lo vivía no me reconocía como tal, lo sentía en alguna ocasión pero no siempre, y con la sexología aprendí que hay muchas formas de relacionarse, y que hay que entender ciertos comportamientos. Y he vivido bien con esa forma de verlo. No es el concepto en sí de sentirme maltratada lo que me está haciendo comerme la cabeza estos días. Es el hecho en sí de cómo pude perdonar todo aquello, de cómo cojones te di una segunda oportunidad, de por qué no te mandé a la mierda, o grité a tus (mis) amigos las mierdas que me estabas haciendo tragar.

He optado por la opción que menos te gustaba, escribir textos infumables para poder expresarte mi dolor. Tranquilo, esto no te va a llegar. No serás consciente de todo lo que he vivido estando contigo. No sabrás que me he sentido una mierda a tu lado, un bicho insignificante, que no me he querido, y que no es que me hayas maltratado, es que yo me he automutilado miles de veces. En una cosa tengo que darte la razón, tú me decías mucho la frase de “Eres más tonta que las piedras”. Pues sí. Intentaba ser buena persona y de buena fui tonta.

Estos días he pensado mucho en huir, en esconderme, en irme a un rincón perdido donde nadie me conozca. Incluso han vuelto malos pensamientos, como volar por algún acantilado, para dejar de sentir todo esto que todavía no puedo asimilar. Estaba bien, contenta, tenía algún día un poco de bajón, pero en general me he quedado con lo bueno de todo este último año. Estaba tranquila en mi nube de azúcar y deseo. Y ahora estoy aquí enfrentándome a la realidad. Enfrentándome a algo que sabía que tarde o temprano debía hacer. Pero mira una cosa que estoy sacando en positivo de todo esto, contar ayuda, hablar ayuda, y sí, que sepas que hay algunas personas de mi entorno que saben de todo esto, y del tuyo también. Nunca sabrás quién lo sabe ni quién no. Ahora eres tú el que se tendrá que comer la cabeza un tiempo pensando “¿Será ella, será él?”.

¿A que jode?

Y dándole vueltas a todo esto, porque yo siempre he sido muy de analizar, me he dado cuenta que, aunque ser consciente de golpe de todo el dolor que sufrí me ha revuelto muchísimo, he visto que ahora el mero hecho de estar escribiéndolo hace que me sienta más liberada. No sé si podré mandarle esto siquiera a alguna amiga cercana, son muchas cosas, y todo malo. Y tú no eres malo, simplemente no tienes habilidades sociales, ni empatía, ni eres reflexivo o analítico, no asumes la responsabilidad de tus actos. Y no pasa nada por reconocerlo, pero si encima tienes a alguien cerca que intenta darte las herramientas, aprovéchala joder.

Al final, como conclusión, o mejor dicho, la moraleja de todo esto, es que aún con todo el dolor que he pasado, con todo lo que mis ojos han llorado, con todas las veces que he querido desaparecer, aún con eso, me quedo con que hubo una parte muy buena en ti, que fue la que me enamoró, y la que hizo que luchara mucho, y prefiero quedarme con lo bueno, como hice hace 9 meses. Anda mira, ha sido como un parto. Ni lo había pensado. Pero qué buena metáfora. Algo que está ahí, que no se percibe, pero va creciendo. Y un día asoma la cabeza y dice Holiiiii. Y tú ahí que por un lado dices que se quede dentro, que no quiero que salga, y por otro piensas mejor todo de golpe, que pase rápido, que sea cortito.

Simplemente no quiero pasar mi vida pensando qué pude o no haber hecho, o qué hubiera pasado si… porque la vida en principio es una, y tengo tanto por hacer, tantos sitios que ver, y tanta gente a la que conocer, gente que aparecerá y desaparecerá, que no me apetece llevarme ese recuerdo de ti. En el fondo da pena pensar que esa es tu única forma de relacionarte con las personas que quieres. La indiferencia es lo más parecido a la anestesia, no sientes nada, ni bueno, ni malo. Lo dejas estar, sin más. Y así es como prefiero quedarme, con una total indiferencia hacia ti.

 

Si alguna vez soy capaz de mostrar todo esto a alguien, quiero que sepa quien lo está leyendo, que evidentemente todo lo que he vomitado es fruto de la rabia, la ira, el dolor, las sensaciones de angustia. Pero yo he vivido cosas muy bonitas con él y tengo un montón de recuerdo y lugares preciosos que hemos conocido juntos. Y los momentos buenos han sido muy buenos. Y como amigo no dudo que sea un gran tipo, y quizá como pareja de otras personas también. Sólo sé que por mucho que nos empeñamos no pudimos hacerlo mejor, ni él, ni yo.

Aposté todo al rojo, pero nunca se me dio bien esto de jugar a la ruleta.

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malditos gusanos

 

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Malditos sean los gusanos,

que se meten en  tu cerebro,

haciendo que sólo puedas pensar en ellos.

Malditos,

que bajan por la garganta convirtiéndose en una masa,

que te impide tragar.

Malditos ellos,

que bajan hasta tu pecho,

haciendo que se te pare el corazón,

que luego dan un brinco y aceleran tu pulso.

Malditos,

que bajan hasta tu estómago,

que anidan y se convierten en capullos.

Y después de un tiempo se transforman en mariposas,

que las sientes flotar dentro de ti.

Y al final, como estaba predestinado, echan a volar.