sexología

reacciones

Cuando uno deja una relación de pareja de varios años, donde ha habido amor, ternura, cariño, caricias, encuentros, relaciones, aventuras, diversión, pero también enfados, gritos, amenazas, situaciones violentas, tristeza, desolación y desesperación, tiene varias formas de reaccionar.

Una puede ser escudarse en no querer saber nada de ese sexo, no querer relacionarse durante un tiempo, estar tranquilo y a su aire sin demasiadas complicaciones.

Otra, no estar sólo mucho tiempo, conocer gente constantemente, no aburrirte, saber de otras realidades, y follar claro.

Otra, enamorarte del primero que pase por tu lado y rellenar con esa persona el hueco que dejó el otro.

Otra manera de sobrellevar una ruptura es convertirte en un golfo/a y follarte a la gente por orden alfabético.

Un recurso que también suele hacerse es ponerte un caparazón de hierro y no dejar que entre ni una pizca de sentimientos hacia otra persona por miedo a volver a cagarla.

Otra forma es llorar todo el día por los rincones y sumirte en una depresión.

A veces hay gente que se queda anclada al “¿Qué habré hecho mal?” o el “¿Por qué a mí?”

Muchas personas elijen no pensar demasiado e intentar no recordar apenas a la otra persona para que no resurjan las emociones.

 

En fin, que cada persona elegirá su método más efectivo para pasar el duelo, porque no olvidemos que toda pérdida necesita su tiempo de aceptación. De asumir que ya no volverá y que nunca más estará a nuestro lado. Lo importante al final es que hagas lo que hagas, ponte bragas. No, en serio. Que elijas la opción u opciones que elijas, lo hagas porque te apetece, porque te lo pide el cuerpo, y no porque tu entorno te da directrices de lo que debes o no debes hacer o sentir.

 

Soltar duele, sostener lo insostenible duele más.

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Me gustas

Me gusta. Sí. Lo reconozco. Me gustan sus ojos cuando me mira porque veo el deseo en sus pupilas, me gusta su sonrisa que le ilumina la cara, me gusta su lengua recorriendo mi clavícula y mi cuello, me gusta su cabeza entre mis piernas. Me gusta su piel, suave como la de alguien que estrena una, me gusta su humor, su forma de hablar nasal, su peculiar forma de bailar. Me gusta su cama calentita con ese edredón mágico que hace que no quieras salir de ella.  Me gustan sus abrazos mientras duermo. Me gusta que me robe besos, que meta su lengua en mi boca y me haga estremecer. Me gusta cuando se calienta por la noche y succiona mis pezones hasta oírme gemir. Me gusta que baje con su lengua lentamente por mi ombligo hasta mi vulva y me coma el alma. Me gusta el sonido que emite su voz extenuada de placer cuando introduzco suavemente su pene en mi vagina. Me gusta que me pregunte si me gusta lo que hace.

Me gustas, pero no deberías gustarme. No deberías porque tu pasado pesa mucho. Porque tienes una mochila cargada de situaciones complicadas, desconfianza, traición. Porque tienes miedo a ser libre, a expresarte tal cual eres, porque te tomas la vida demasiado a broma.

No deberías, sin embargo ya me has atrapado.