Resucité al tercer día

Me hiciste una pregunta trampa a la que supe dar una respuesta creativa. Te gustó. Te emocionó que fuese de carne y hueso. Te ilusionó que compartiéramos las mismas aficiones de esa manera casi enfermiza. A la media hora de hablar me dijiste que dejara de darte motivos para venir a conocerme a mi casa. Hablamos de relatos, de cine, de series, de gustos, de relaciones. Durante las siguientes noches continuamos con conversaciones que nos acercaban mutuamente. Tenías curiosidad por saber cuál era mi imagen en la distancia corta. Te vi interesado e incluso insistente.

Buscamos un día y una hora para vernos. Pero tengo que confesarte que unos días antes de que ese primer encuentro se produjera, algo había cambiado en mí. Pasaste de ser un chico por el que me picaba la curiosidad de conocer a ser un chico que se metió en mis pensamientos. Ahora era yo la que más reclamaba verte, la que escribía y tú el que respondías. Pero seguíamos jugando a lo mismo, porque tú también tenías ganas.

Te vi, y te quise abrazar y besar desde el primer momento. Pero no sabía si estabas dispuesto, o lo que pensarías de mí. Frené un poco mi euforia. Creé una imagen en mi cabeza de ti que estaba empezando a distorsionarse. Me costaba distinguir la realidad de lo que no había ocurrido. Comencé a fantasear sobre un futuro cercano.

Al final fui yo la que te robé un beso porque mi cuerpo me lo pedía, podía hacerlo y pensé que mejor arriesgarse. Me dijiste que eras más bien romántico, bueno eso lo deduje yo por tus comentarios. Que no te iba eso del goce por un calentón. Me hiciste creer que eras diferente al resto de la manada de lobos.

No, el sexo no fue lo mejor que tuvimos, pero estábamos al principio, nos estábamos conociendo. Y el resto era tan bueno que eso me daba igual. Si quería sexo lo tenía con otros. De ti quise los abrazos, los besos cortos, los mimos, las miradas, las risas, la complicidad, tu inteligencia, tu amplio conocimiento sobre cine. Dejamos claro que no queríamos compromisos, que estábamos para disfrutar. Pero cometí un error: te idealicé. Te di unas características que probablemente no tenías. Me autoconvencí de que tenerte cerca como amigo era lo que ansiaba. Al menos con lo que me conformaba. Yo sabía que nuestra diferencia generacional era un abismo. Pero me dijiste que te daba igual, que no se notaba, que no te importaba demasiado. Me dijiste que era la tía más interesante que habías conocido en una app de mierda. Me dijiste que te encantaba mi forma de pensar respecto al sexo. Me dijiste que querías seguir viéndome, que estabas a gusto conmigo. Me prometiste besos intensos y eternos, una foto para mi blog, una tortilla de setas, una ducha compartida, beber un chupito de la cavidad de mi clavícula. Me ilusioné. Me lo creí.

Me creí cada gesto, cada palabra, cada susurro. Te creí de pies a cabeza. Me tragué cada comportamiento tuyo pensando que eras sincero, como yo lo estaba siendo, que eras de verdad. Me la colaste pero bien. No tengo reparos a reconocértelo. Me creí todas tus mentiras. Para ti sólo fue un juego. Hacías ver que había una parte de sentimiento porque eres de los que cree que una mujer para que se abra de piernas se ha de abrir primero de mente/alma. En realidad fui una experiencia puntual, la cual contar a tus colegas entre risas.

Me he desnudado delante de varios cuerpos, pero contigo me desnudé en cierta manera de alma también. Me dejé llevar emocionada por la sensación de haber encontrado una persona tan afín a mí. Y la cagué. La realidad me devolvió el ser que eras. Me pintaste a un tipo, me dibujé un medio hombre con principios. Cuando en realidad sólo había un niño que jugaba a ser mayor.

No supe manejarlo. No sé si tú supiste manejarme. Cuando viste mi insistencia saliste corriendo. No dijiste adiós, ni hasta pronto. Te escribí pidiéndote un mínimo de lógica para tu cambio tan drástico de comportamiento, para que yo lo pudiera entender, y diste la callada por respuesta. Tomaste la opción cobarde, salir por la puerta de atrás, haciendo mutis por el foro. Dejándome con lo que más odio del mundo, la incertidumbre. De no saber si hice algo mal, de no saber si te dije algo que te ofendió. Me dejaste teorizando sobre tus posibles razones para huir.

Que encontraste carne joven a la que querer conocer, y si seguíamos en contacto habría incompatibilidades. Con lo fácil que hubiera sido decírmelo, con lo comprensiva que soy. Parece mentira.

Que en realidad aunque vas de progre y respetuoso, no soportas que una mujer sea libre y segura de sí misma, que haga y deshaga a su antojo, tal y como hacéis vosotros.

Que esto no llevaba a ningún sitio y decidiste cortar por lo (in)sano.

Que no te gustaba que yo compartiera fluidos con otros. Quizá por eso tu insistencia en saber si hacía mucho o poco que había follado.

Que no aguantaste mi brutal sinceridad de hablar de las cosas tal y como son, sin tapujos ni tabúes.

Que tu pequeño mundo de pelis y prosa era más importante y prioritario. Me lo hubieses dicho y yo me hubiese alejado con un mejor recuerdo del que me has dejado. O quizá con mejor opinión.

Que ya no ibas a tener tiempo para mí. Me hubiese conformado con un wasap mensual y saber que te iba bien.

Que si continuabas con esto te daba vértigo pensar a largo plazo por miedo a volver a sufrir. Si hubieras entendido que yo lo último que hubiese hecho era lastimarte.

Que al final uno de los dos acabaría haciendo daño, y preferiste ser tú.

Que perdiste el interés porque no conectábamos tanto entre las sábanas. Eso sólo se consigue quedando más veces.

Que el amor de tu vida por fin había reaccionado y ya no necesitabas distracciones. Se me dan bien los papeles secundarios y permanecer en la sombra.

Que en realidad a ti no te gusta que las mujeres tomen la iniciativa.

Todo esto son teorías, pensamientos racionales en busca de un porqué a tu actitud. ¿Te agobiaste? ¿No supiste decir hasta luego? ¿Creíste que me había enamorado de ti? ¿Te quité espacio? Con lo fácil que es hablar las cosas.

Sea lo que sea, nunca lo sabré. Nunca volveré a obtener respuesta de ti. Nunca sabré si en ese mes y medio de relación signifiqué algo para ti o qué es lo que signifiqué. No volveré a verte. No volveré a saber de ti. No podré darte consejos con las chicas. No podré saber si logras ser alguien en la vida.

Me has dado una lección. Me previniste que posiblemente podrías decepcionarme y no lo supe ver. No quise creer que eras un tío interesado. O has hecho el papel de tu vida y yo me lo he tragado letra por letra, o algo ocurrió en ti.

Sé que mi mensaje de despedida no fue agradable al final. Pero estaba tan enfadada. Me sentía tan estúpida, tan imbécil, tan tonta. Sentí que habías jugado conmigo, con mis sentimientos. No soporto los mensajes contradictorios.

Un experto en lobos me dio ciertas explicaciones del porqué de esa actitud, de por qué es mejor desaparecer a ser sincero. Tu comportamiento y tus comentarios comenzaron a encajar. Puede que tú hayas hecho como muchos hacen, no cerrar del todo la puerta para poder abrirme las piernas más adelante. Conmigo no funciona así. Desde el momento en que comparto fluidos con alguien se convierte en una relación. Puede que sea puntual, puede que sea esporádica, intermitente, abierta, poliamorosa, eso da lo mismo. Y como relación que es la gente tiene que dar leves explicaciones a los comportamientos que no siguen un continuo.

¿Te imaginas por un momento si yo, la primera noche que follamos, viendo cómo fue, cojo y desaparezco? ¿Qué habrías pensado de mí? Que soy una puta. Seguro. Que soy mala persona. Que sólo te quería para llevarte a la cama y como no ha funcionado, pues hasta luego Mari Carmen.

Qué injusta sería si hiciera eso. Contigo, y sobre todo conmigo misma.

No, yo no soy así. Y pido que los demás tengan un mínimo de educación. Un mínimo de respeto para que la gente no se haga pajas mentales.

Probablemente, dentro de un par de meses, piense que en realidad eso que has hecho ha sido lo mejor que has podido hacer. Sí, me gustaste, me gustó tu intelecto, quise follar con tu mente como decía mi querido Dante.  Me encariñé contigo como quizá no debí hacer. Pero yo simplemente te pedía comunicación. Que si no querías verme más no pasaba nada, pero que al menos me lo dijeras, que tuvieras huevos para despedirte como el hombre que aparentabas ser.

Tranquilo, he salido de cosas peores. No tienes ni idea de lo poco que me importan ciertas cosas. Sólo cuento esto para que tengas mi visión, mi punto de vista, mi percepción de la realidad, que me dejaste descolocada y no me lo esperaba de ti. Que si tienes algo de empatía te pongas en mi lugar. Quizá para ti todo esto fuese lo normal, llevabas más tiempo en la manada. Coño yo estaba empezando, no es justo que se me dé por hecho que yo deba saber manejar estas cosas.

Ahora sí, puedo cerrar este capítulo. Ya he vomitado todo lo que tenía que decirte. Ya he sacado a la luz lo que no comprendo. Ya puedo volver a equivocarme. Y también a aprender. Ya puedo ser libre y decidir si me dejo llevar, si me dejo caer, si me pongo la careta y miento como hiciste tú.

Adios Petit.

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Seré tu a-mantis, bandido

Espera, espera. A ver si lo entiendo. Te dicen que no follan normalmente en la primera cita, que son más de conocer e intentar conectar con el otro. No te hablan demasiado de sus experiencias, saben que estás aquí de paso, pero tampoco quieren contarte su vida sexual, sobre todo porque digan lo que digan puedes optar por no creerles. Y que si eres lista adivinarás sus intenciones. Te abrazan, te besan, te miman, te reconfortan. Hacen que te abras cual mariposa de su capullo. Se meten dentro de ti, varias veces, y por distintas zonas de tu cuerpo, desde la vagina hasta la cabeza, incluso algunos rozan tu corazón. Tú eres sincera, les dices que estás a gusto porque es verdad, pero también que no son exclusivos, que para eso entiendes existe esa red. Les haces sentir que son buenos amantes, porque en general lo son. Quedas a tu antojo cuadrando agendas. No mientes pero a veces ocultas información para que no piensen mal. Se confiesan modernos, te dicen que estás haciendo lo que quieres, que eso es genial, que eres libre y estás para disfrutar. Te hacen creer que jugáis a lo mismo. Aquí no hay dependencias emocionales, hay hechos prácticos. Intereses comunes. Y entonces cuando alcanzas un mínimo de confianza, cuando te desenvuelves mejor, cuando conoces más lo que les gusta y lo que no, cuando saben tus preferencias y lo que te hace tocar el cielo, es en ese momento cuando desaparecen. Se esfuman. No dicen adiós, no se despiden, no hay un “hasta pronto”, ni un “ya hablaremos”. Esa forma de (no)cerrar en realidad creen que es para poder abrir más adelante. Cuando en verdad así no funciona, al menos contigo. Saben que no eres de compromisos, que no te enamoras fácilmente, que tienes las ideas muy claras, que estás para pasar un buen rato, que el juego es utilizarse mutuamente para satisfacer necesidades lúbricas con una pequeña porción de implicación emocional, para que todo sea un pelín más sencillo y no demasiado mecánico o frío. Que no haces cálculos, que te dejas llevar teniendo claros los principios fundamentales de la red, conocer a cuanta más gente mejor. No eres mala persona y crees que ellos tampoco lo son. Como de tu boca salen opiniones reales crees que ellos también las dicen. Incluso algunos te perjuran que son ordenados, que van de una en una, para no acumular, imagino también para no confundir ni mezclar conversaciones, ya que sus pobres mentes no dan para tanto. Tú juegas al poliamor y ellos a una monogamia momentánea, efímera.

¿Por qué? Porque en realidad no soportan verte libre. Porque van de modernos pero en su fuero interno son machistas  y clasistas. Porque en su cerebro se anidó la idea de que si una mujer folla con quien quiere y no da explicaciones, es en verdad una golfa, por mucho que ellos hagan lo mismo. Porque son expertos comiendo orejas y diciendo lo que quieres oír. Porque prefieren follar con una chica cándida, con cara de buena, de no haber roto un plato, prudente, inteligente pero no mucho, que les haga sentir que estás sólo para ellos, que no compartes tu elixir con nadie más, porque no soportan a esas mujeres que están tan “usadas”. Porque se sienten poderosos pensando que eres más bien santa. Porque no soportan la idea de verse reflejados en alguien como ellos. Porque mentir es su estilo de vida y su forma de comunicarse. Porque tienen la sensación de que  si dan un poco de ellos, una parte verdadera, acabarás comiéndote su cabeza cual mantis religiosa. Porque algunos te dicen que van despacio y si no les cuadra tu actitud, te dan la patada. Porque los que corren un poco más, te dan la patada igual no vaya a ser que pierdas la cabeza por su deidad figurada. Porque si no se despiden, si dejan que la cosa se desvanezca por sí sola, creen que en un momento determinado, más adelante, con un buen calentón, puedan acudir a ti a continuar el goce. Pensando que estarás para ellos igual de receptiva que lo estuviste al principio. Porque si te dicen que están conociendo a otra, crees que podrás optar por olvidarles y no podrán acudir a ti cuando esa otra persona huya de ellos. Porque no toleran que una mujer haga y deshaga a su libre albedrío, porque quieren putas en la cama y puras cara al público. Porque se creen irresistibles y piensan, pobres de ellos, que caerás rendida a sus encantos y no podrás sacarlos de tu cabeza. Porque han tenido malas experiencias con gente absorbente que no ha sabido jugar sin comprometerse o que ha jugado demasiado con ellos. Porque generalizan y creen que todas somos iguales. Porque prefieren que les mientas en su puta cara y les hagas sentir únicos. Porque van de sujetos sexuados buscando objetos a los que follarse, sin tener ni puta idea que ellos están siendo a su vez objetos a los que nosotras queremos follarnos como sujetos que somos. Pero nadie les ha enseñado a ser objetos. Ni tampoco a nosotras a ser sujetos.

 

Lección aprendida. Sé más lista que ellos, no cuentes lo que sabes que no quieren oír, miente u oculta información para hacer con ellos lo que te plazca, para usarlos a su antojo. No cometas el error de ir de sincera y de natural, no conectes demasiado ni crees mucho vínculo, no te impliques más de lo necesario, porque al final van a huir, de todas todas, van a irse. O por miedo al compromiso, o por miedo a sufrir, o por miedo a hacerte daño, o por miedo a confundir los juegos de cada uno, o por miedo a enamorarse y que se les acabe la buena vida que creen llevar. Pero siempre será por miedo. Porque en el fondo son unos cobardes que no saben expresar sus emociones, que no son sinceros con ellos mismos, como para que lo sean con nosotras. Que viven en un mundo de seducción temporal para acumular caché y tener algo de qué hablar cuando sean viejos. Que se van dando la razón porque llevan las gafas de ver lo que quieren ver, y no se las quitan para observar que hay otras realidades. Tú eres un momento dentro de sus vidas, un recipiente donde echar sus fluidos, actúa como tal y no te salgas de la norma. Porque la única que interesa aquí eres tú, la única que merece la alegría eres tú. Hazles creer lo que quieren creer y sé más lista, que lo eres. Incluso no mentes tu profesión, eso es atractivo a la par que desconcertante. El experimento debe continuar, sólo has de cambiar algunas reglas.